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Sexo duro como recompensa


  • El sexo duro, o sexo hardcore, es algo que mucha gente –sobre todo mujeres- ve con recelo. Yo, por mi parte, encuentro en el sexo duro un plus de excitación en mis experiencias sexuales, aunque siempre he respetado a aquellas tías que no hayan accedido a experimentar el morbo del sexo hardcore.

    Tal es el caso de mi actual pareja, Virgi, a quien le gusta mucho el sexo en pareja, el típico polvo de besitos, caricias y te quiero. A mí, todo lo que sea follar me parece de puta madre, pero claro, la cabra tira al monte y después de varios meses de relación le saqué el tema del sexo duro y le pregunté qué le parecía el tema, a lo cual ella me respondió con un sonoro “ni lo pienses”. La verdad es que me imaginaba de antemano esa respuesta, así que a partir de ahí, cada vez que follábamos intentaba introducir pequeñas variantes para ir tanteando el terreno…Un día probé a darle un par de nalgadas bien sonoras, a lo cual no le dio demasiada importancia –más bien podría decir que pareció gustarle, aunque no me dijo nada-. Otro día intenté ponerla a cuatro patas, pero se negó… Incluso un día me atreví a masajearle el ano, cosa a la que no puso impedimentos, pero cuando intenté introducirle un dedo… ¡Por poco me mata!

    A pesar de la poca variedad de experiencias sexuales con Virgi, la seguía queriendo por la forma de ser que tiene y por cómo se comporta conmigo, así que traté de seguir siendo el novio perfecto. De este modo, estuve en todo momento con ella dándole clases de conducir, pues no es muy diestra en eso de manejar vehículos. Si me hubieran dicho los buenos frutos de mi conducta, creo que no me lo habría creído jamás. En efecto, Virgi aprobó el examen práctico de coche, por lo que estaba realmente feliz y motivada…”cuando llegue a casa te voy a dar lo tuyo”. Esas fueron sus palabras exactas, por lo que lo dispuse todo para un magnífico recibimiento.

    Nada más llegar, sin mediar palabra, me dio un largo beso que dio lugar a besos más cortos, casi inocentes, pero muy seguidos y sin parar de mirarme con una cara de lujuria que nunca antes le había visto. Pronto notó que mi paquete iba creciendo, por lo que mientras me besaba de esa forma tan ardiente empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón. Mis manos se fueron directamente a por ese tremendo culo respingón y apretado, entrenado a base de spinning en el gimnasio. A pesar de sus vaqueros y de su culotte, podía escuchar con claridad el sonido de su concha húmeda al juntar y separar sus glúteos, cosa que me encendió aún más.

    Cuando me disponía a llevarla en brazos hasta la cama para hacer lo mismo de siempre, Virgi paró de besarme, sin dejar de masajearme la polla, y me dijo:

    -Ahora me toca a mí darte tu premio…

    -Qué pre…pre…miooo?? –mientras le hacía la pregunta, sin perder ni un segundo, sacó mi polla del pantalón y empezó a hacerme una mamada algo torpe, insegura, pero con una cara de vicio y una dulzura en la forma de comérmela que hicieron de esa mamada la mejor que jamás me hayan hecho.

    -Te gusta, eh, te gusta? –decía cada vez que salía mi polla de su boca.

    -Sí, sí, sigue así cariño…sigue, mmmm.

    De forma instintiva le cogí la cabeza para guiarla a mi antojo. Como no puso ninguna pega, seguí dirigiendo la situación a mi antojo hasta que sin darme cuenta le estaba follando la boca con ímpetu. Ella se dejaba hacer, aunque me paraba poniendo sus manos en mis piernas de forma discreta, como pidiendo un respiro. Le miré a los ojos y vi cómo le lagrimeaban. Se estaba portando como una campeona. A continuación la puse de pie.

    -Déjame ver a qué sabe mi polla, -le dije mientras la ponía de pie y le comía la lengua para saborear mi propia polla en su boca. Ella no dejaba de pajearme mientras tanto.

    Así, de pie, la puse de espaldas a mí, apoyando sus manos contra la pared y haciéndole ofrecerme su tremendo culazo. Le metí el dedo corazón hasta el fondo, comprobando así lo mojada y cachonda que estaba. Le metí también el dedo anular y empecé a pejearla desde atrás con un ritmo intenso y constante mientras le comía el cuello con lamidas, mordiscos y chupetones, lo cual incrementaba todavía más el estado de excitación de ambos hasta que, sin esperarlo, dejó de gemir durante unos segundos…Ahí estaba, ya venía su primer orgasmo, y se hizo notar mediante un tremendo alarido mientras todo su cuerpo se quedaba sin fuerzas, con mis dos dedos bien adentro y mi polla preparada para ensartar a mi novia.

    -Aaaahh, uuuffff, aaaaahh, mmmmm, diooooossss… -gritaba a la par que jadeaba-.

    Saqué mis dedos empapados –y arrugados- por sus jugos vaginales y, mirándola a los ojos, me metí en la boca el dedo corazón. Al hacer el gesto para introducirme el dedo anular, Virgi me cogió la mano, sacándome el dedo de la boca, y se metió ambos dedos en la suya. Me chupaba y lamía los dedos como si de mi polla se tratase, manteniéndome la mirada con un aire de auténtica zorra en celo, lo cual hacía que mi polla palpitase, deseosa por llevarse su parte.

    Así, con los dedos mojados tanto por el coño de mi novia como por su saliva, me humedecí la polla, atraje para mí el culo de Virgi y me abrí camino a través de su chochito. Empecé el mete y saca atrayéndola por las caderas, pero me di cuenta de que tenía carta blanca, así que la cogí por los pelos con la mano izquierda, mientras que con la derecha le daba nalgadas. Sabía que pegarle en el culo la ponía más cachonda, así que no había nada que temer. Después de pocas embestidas, ya me la estaba follando con dureza. Con el culo rojo por las nalgadas, el cuello morado por los muerdos y el coño completamente abierto por la tremenda follada que le estaba dando, mi recatada novia se había transformado en una auténtica máquina de follar.

    Sin soltarla de los pelos y sin sacarle la polla, la retiré de la pared para ponerla a cuatro patas en el suelo. Con una visión espectacular de su trasero, continué cabalgándola cogiéndola de la cadera y de los pelos, tirándole hacia atrás para poder comerle la boca, ahogando así sus gemidos y aumentando todavía más el clímax. Sin sacarle el rabo en ningún momento, la tumbé bocabajo, notando así su culo en mi pelvis y comiéndole la boca por la comisura de los labios desde atrás.

    -Esta es mi putita. Así me gusta…

    -Mmmm, oooooaaaaahhh, síííí…sigue, sigue, me corro otra veeez, sigueee!

    Y seguí dándole, metiendo y sacando mi verga de ese agujero tan placentero y apetitoso. Como no se corría, salí de ella, la volteé y empecé a comerle el coño con avaricia.

    -Ooooaaaahhh, sííí, qué rico cariño, sigue, no pares!!

    Tras una buena comida de coño a la par que la masturbaba nuevamente, llegó su segundo orgasmo entre más espasmos y tirones de pelo…aunque esta vez me tocó a mí sufrirlos.

    -Quiero polla. Métemela. Quiero tu polla. Fóllame.

    Al oír eso me abalancé encima de ella y empecé a follarla en esa postura que tan poco me gusta, pero con un nuevo matiz. Ahora me la estaba follando con violencia mientras ella no paraba de gritar de placer y de pedir que le diera más y más fuerte. Cuando estuve a punto de correrme, le metí la polla en la boca para que probase sus propios jugos. A juzgar por su forma de chupármela diría que le encantaron. Mientras me la chupaba, yo le daba pequeños guantazos en la mejilla por donde abultaba mi polla en su boca.

    -Te lo tenías muy calladito, eh. La chupas como una puta. Como mi puta, porque eso es lo que eres.

    Para no darle tiempo a pensar, volví a comerle le lengua y la puse de nuevo en pompa.

    Mi verga entraba y salía sin dificultad. Nos lo estábamos pasando como nunca teniendo esa primera experiencia de sexo duro, así que me humedecí la yema de los dedos y empecé a darle un masaje anal con la idea de romperle el culo. De esta forma, logré un nuevo hito con Virgi, meterle un dedo en su ano. Le metí más o menos la mitad del dedo índice, y luego un poco ambos dedos pulgares. Todo parecía listo, así que humedecí su ano y mi polla, que estaba llena de sus fluidos, y me dispuse a ensartarle el culo.

    -Me dueleee…no sigas, por favor, no sigas…

    -Un poquito más cariño, solo un poquito más…-le contesté mientras hacía lo posible por introducirle al menos el glande.

    -Ya está, por favor…no puedo, me duele, uuuufff –Imploraba Virgi mientras se echaba hacia adelante.

    Contrariado por el pequeño contratiempo, la levanté, la llevé hasta la cocina en brazos, la coloqué encima de la mesa y empecé a follármela con dureza mientras la atraía hacia mí por las piernas. Ver su boba entreabierta, sus ojos bizcos por el placer y sus gemidos ahogados, sin fuerzas, me incitaban a follarla con mayor énfasis para arrancarle gemidos más sonoros, aunque ya no le quedaba aliento. Estaba exhausta, y yo también, por lo que el reflejo de eyacular pronto se hizo inaguantable.

    -Uuuoooooh, me corro, me corrooo!-Exclamé justo antes de dar rienda suelta a mi torrente de esperma.

    Virgi me dio un empujón para que me saliera de ella y, cogiéndose las tetas me las ofrecía con mirada de auténtica zorra. No me lo pensé dos veces y descargué toda mi leche sobre sus tetas, aunque algún borbotón de esperma le cayó en la cara y el pelo.

    Cuando terminé de correrme, con una sonrisa medio pícara, medio inocente, se empezó a lamer mi leche mientras yo le refregaba mi rabo por sus tetas y su boca. Luego nos dimos un gran abrazo y me dijo…

    -Otro día intentaremos que puedas probar el culo de tu putita, ¿sí?

    Estos fueron los inicios del sexo duro con mi mujer, al cabo de unas semanas probamos con el sexo anal y a partir de ahí solemos tener bastante sexo hardcore…pero sexo hardcore verdad.

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