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Fin de semana de sexo y otras hierbas: Primera noche


  • Como primer punto me presento, mi nombre es Guido. Soy aficionado a la literatura. Físicamente no me describiré, si te interesa ver como soy mira mi foto de perfil. El siguiente relato erótico es una ficción, aunque tiene momentos que forman parte de mis recuerdos y experiencias vividas. Por tal razón, he decidido darle al personaje mi nombre. La historia es larga, por lo que la dividiré en tres partes, una por cada día. Ahí va, Disfruten!!!

    Dicen que el sexo y la marihuana se llevan muy bien, pues el efecto introspectivo del cannabis genera  una dosificación en el sistema sensorial.  Es allí donde el placer se duplica y el goce se transforma en una transcendencia psíquica que te lleva a un mundo paralelo que solo ocurre en tu cabeza.  Pero ojo, todo depende de cómo conectes tus sensaciones con las de tu pareja sexual.

    Así comienza una historia que se ha pegado en mi memoria para siempre.  Un fin de semana completo de sexo y marihuana.  Mi madre había viajado y mi hermano pequeño se encontraba en la casa de mi papá, por lo que mi casa quedó disponible para mi exclusivo uso y no dudé en tomar provecho a la situación.  Decidí invitar a Luján, una joven mujer de 23 años de cabello negro lleno de rulos, altura aproximada de 1,67 mts. Pechos chicos  pero redondos y una cola que te invita a morder la manzana del pecado.  Ella aceptó mi invitación por lo que me dispuse a programar el gran fin de semana que se venía.

    Resistencia, Chaco,  es una ciudad ubicada en el litoral Argentino a veras del extenso Río Paraná. De clima caluroso y húmedo que te obliga a vivir con aire acondicionado para no sufrir y buscar siempre cualquier bebida helada para soportar el sofocón.  Razón más que suficiente para llenar mi heladera con muchas cervezas y varias botellas de vino tinto de uvas Malbec.

    Hechos los preparativos,  que incluía varios ingredientes para los almuerzos y las cenas, quedé con Luján para que viniera el viernes por la noche. A las 22 hs, ella puntual estaba en la puerta de mi casa. Vestía una musculosa escotada y una calza deportiva ajustada que permitía marcar su tanguita debajo de ella. Además iba acompañada de un bolso de mano, dado que pasaría conmigo dos noches y tres días.  Yo la esperaba vestido de entre casa, con una remera de mi club Boca Juniors y un pantalón corto también deportivo. Nada preparado, sí muy cómodo y dispuesto a vivir un fin de semana lleno de lujuria y excesos.

    Primera parte: Viernes de sexo por la noche

    Preparé unas empanadas con carne picada para cenar y destapé un vino de Bodegas mendocinas para iniciar nuestra velada. De postre, unos brownies de vainilla y cannabis que nos llevarían, unas horas después, a la locura máxima.  La cena transcurrió con tranquilidad y mucha relajación. Hablamos de todos y de a poco nos adentramos en temas sexuales. Tanto ella como yo, no tenemos problemas de expresar nuestros gustos sobre el sexo y eso nos permitía conocer lo que al otro le gustaba.

    Preparé el living de mi casa con un colchón cómodo con sábanas rojas y varias velas alrededor para darle un poco más de ambiente a la cosa. La música nos acompañaba de fondo mientras hablábamos y bebíamos. Poco a poco, comenzamos a seducirnos. La acción estaba por comenzar.

    Para romper el hielo, ella puso un tema sensual, me invitó a recostarme y me regaló un baile erótico increíble. Su cuerpo se movía al compás de sus rulos y provocaban en mí una excitación que ya comenzaba a notarse en mis pantalones.  Mi polla mide 17 cm de largo y 5 y medio de ancho, medidas que me hacen sentir orgulloso. Por lo que mientras ella bailaba no dudé de sacarla y dejarla en libertad, fuera de la prisión del bóxer. Esto provocó que Luján se quedará quieta contemplando aquel aparto que la esperaba con ansias. Ya lo conocía y sabía lo mucho que la había hecho gozar en otras oportunidades. Al quedarse quieta, decidí que era momento de unirme a ella en el baile, y con la pija afuera me paré enfrente y comencé a moverme bruscamente para que mi amigo terminara de acaparar su atención.

    El baile ya no interesaba, ambos estábamos uno al frente del otro. La tomé de la cintura, la atraje hacia mí y con total romanticismo busqué sus labios y la besé tiernamente. Ambos ya estábamos “locos” por los Brownies y eso nos relajó un montón. Agradecida por mi primer beso, Luján rodeó sus brazos sobre mi espalda y comenzó a acariciarme lentamente, recorriendo cada centímetro de la parte posterior de mi cuerpo hasta posarse en mis nalgas y con mucha fuerza  atraerme más hacia su cuerpo. Esto provocó que mi pecho se pegara a sus tetas y me permitió sentirlas completamente. Mis besos abandonaron sus labios y recorrieron su cuello bajando hasta la parte superior de sus tetas, mi objetivo estaba al alcance de mi lengua. La despojé de su musculosa y su corpiño y comencé a comerme literalmente ese par redondito que tanto me gustaba. Los suspiros se hicieron presentes y el clímax de la previa comenzaba a levantarnos la temperatura. Ni lerda ni perezosa, Luján me quitó la remera y de un solo tirón me dejó desnudo. Sus manos recorrieron mi pecho bajando hasta tomar mi pija con su mano derecha y comenzar el gustoso proceso de masturbación. Yo empezaba a sentirme en el cielo. Me quedé quieto, sintiendo su mano ir y venir sobre mi polla y disfrutando aquella tranquila masturbación. Sin dudar un segundo más, comenzó a besarme desde los labios al cuello, pasando por el pecho hasta quedar arrodillada dispuesta a practicarme una buena mamada. Abrió sus labios, besó la punta de mi polla primero, la lubricó con su saliva y comenzó a chupar frenéticamente. Atrás había quedado el inicio romántico y tierno. Mi pija se perdía dentro de su boca haciéndome sentir  un cosquilleo en el abdomen. Para acompañar sus movimientos, me enredé las manos con sus rulos y comencé  un vaivén de su cabeza con mis brazos. Fue magnífico. Pero yo quería más.

    Con fuerza frené esa espectacular mamada para recostarla sobre el colchón y así poder despojarla de su calza y aquella tanguita blanca con corazones rojos que luego quedaría de regalo para mí. Su humedad era visible. Su excitación tremenda. Contemplar aquella hermosa conchita me terminó de volver loco. Fui directo a ella. Primero con los dedos para empaparme de sus jugos vaginales y luego chuparme los dedos mirándola a los ojos. Aquello la puso aún más cachonda. Como poseída, empujó mi cabeza hacia su conchita y me obligó a comerle aquella hermosa almeja. Los suspiros ya eran gemidos y luego de succionar durante un momento su clítoris y colarle dos dedos, ella se estremeció bruscamente llenándome la cara con su delicioso almíbar. Su primer orgasmo había llegado. Era el momento. No podía esperar más. Unté mis dedos con sus jugos y los pasé por mi pija para lubricarla. Quería cogerla. No había nada más importante para mí en ese momento que poseerla. Abrí sus piernas primero, me acomodé de rodillas y dirigí la cabeza de mi pija hacia la puerta de su conchita. La introduje suavemente, sólo para observar cómo Luján se mordía los labios y largaba un gemido contenido lleno de placer. Coloqué sus piernas sobre mis hombros y comencé a bombear cada vez más fuerte. Eso le gustaba. Ella, ya a los gritos, me pedía más.

    Por favor Guido, cógeme más fuerte. Quiero sentirte dentro de mí. Ayyyy!!! Por favor, que hermoso se siente – Fueron sus primeras palabras.

    -¿Te gusta, mi amor? ¿Querés más? – le pregunté mientras le metía mi pija hasta el fondo.

    Su respiración era agitada, sus manos apretaban ese par de tetas que tanto me gustaba, y se pellizcaba los pezones erectos mientras gemía de forma apasionada. Aquella visión casi me hace acabar. Me detuve y comencé a besarla frenéticamente. Nuestros labios sudorosos se mezclaban con saliva mientras nos comíamos como animales. Ya listo para volver a bombear, decidí cambiar de posición y me tiré a su lado para que luego ella se colocara arriba de mí. Era su turno de domarme. La cabalgata comenzaba.

    Se sentó sobre mi polla de un solo movimiento y comenzó a saltar sobre sus rodillas. El ritmo aumentaba en cada secuencia y la casa ya era un sólo eco de gemidos de ambos. Mis manos se concentraron en sus tetas. Ese par de lunas que brillaban sudorosas frente a mis ojos. Ya no aguantaba. Aunque perdí la noción del tiempo, estaba a punto de estallar. Su cabalgata era feroz. Subía y bajaba como una auténtica amazonas y lustraba mi pija con sus jugos vaginales.

    -Voy a acabar – le dije.

    -Aguanta un poco más, mi amor, yo también estoy por venirme- me respondió.

    La frené en seco. Tomé su cintura, la levanté un poquito y comencé a bombear mientras su conchita quedaba suspendida en el aire, apoyada sobre sus piernas y estacada sobre mi pija. Aquello la enloqueció y su cuerpo comenzó a temblar. Sus espasmos la llevaron a succionar mi pene con sus músculos vaginales. No aguanté más. Vacié toda mi leche dentro suyo en una acabada feroz  y espectacular. Ambos gritamos al unísono en un último gemido de placer.

    Luján cayó rendida arriba de mi pecho, su cuerpo temblaba. Mis piernas también. Mi cabeza era un mar de sensaciones. Los Brownies nos habían regalado una sensibilidad extraordinaria. Nos dimos un último beso final y ambos caímos dormidos en un sueño profundo luego de una primera noche de sexo y otras hierbas.

    Continuará…

    Fin de semana de sexo y otras hierbas: Primera noche
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