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La zorra riquilla de mi voyeurista Entonces me tomó, él, varios centímetros más bajo que yo, y muy delgado, me tomó con una fuerza increíble entre sus brazos. Me tomó y me apretó contra él, como si fuera de su propiedad. Y yo sentía esa fuerza, esa ira, ese deseo correr por sus venas. Y me sentía asustada, amedrentada, me hacía creer que realmente era suya, le pertenecía y no tenía derecho a reclamar ni a oponerme en  lo absoluto. -tú. tú pequeña zorra- Me dijo casi entre dientes, pues su mandíbula seguía entroncada. Yo estaba atónita, viéndolo a los ojos. Buscando un poco de cordura en su interior. Pero solo había deseo, locura, fuego, había un calor inmenso dentro de él, un calor acumulado por mucho tiempo, pensamientos y sentimientos que debían de haber sido transmitidos a mi desde hace mucho y que hasta ahora, todos juntos, estaban llegando a mi como un golpe de volcán, como una explosión. Reaccioné un poco, trate de zafarme. no podía gritar por qué mi voz estaba sofocada con sus abrazos. Me revolví entre sus brazos pero no podía liberarme. Mis lentes cayeron al suelo. El seguía apretándome, con su rostro muy cercaContinuar leyendo »

Esa noche no pude dormir, me sentía demasiado culpable para hacerlo. Todo había llegado demasiado lejos. Sentía que ahora definitivamente le había sido infiel, paradójicamente mientras él me hacía el amor. Sentía que había traicionado su confianza, su bondad. Por eso, esa misma noche me juré que todo iba a terminar. Mire el reloj y marcaban las 5 de la madrugada y termine por tomar un sueño ligero por fin. Despertamos juntos a eso de las 10 am. Tomamos un café y durante todo ese día no tuve problemas por mantenerme estable. Y aunque en los días siguientes hubo momentos en los que parecía que volvía a evocar malos pensamientos, la verdad es que durante el mes y días que siguieron en los que mi marido estuvo en casa, me las apañé bastante bien. Hicimos cosas que me ayudaron a despejar mi mente, y varias veces más, hicimos el amor. En todas ellas, la cortina blanca pudo triunfar a diferencia de la primera vez. Pero no hay día que no llegue, y el día en que mi marido tenía que volver a salir por unos días llegó. Lo despedí con un sincero beso de amor y cerré la puerta sabiendoContinuar leyendo »

El shock tras mi experiencia con mi vecino voyerista El shock después de lo sucedido con mi vecino voyerista habría de durarme casi tres días. En cualquier actividad en la que me encontrara, en la soledad de mi casa, siempre terminaba por evocar el episodio del jardín protagonizado por mi vecino voyerista. Lo recordaba una y otra vez, con la mirada perdida y los labios entreabiertos no logrando precisar si todo había sido producto de mi cada vez más decadente cordura o si en efecto, había ocurrido. Pero no podía engañarme por más que deseara que así fuera. Las marcas en mi trasero (en mi nalga izquierda para ser más exacta), y en mi seno derecho, que ya empezaban a tornarse de un preocupante tono azul verdusco, dejaban completamente claro que de hecho, lo sucedido había sido muy real. Mi vecino voyerista me había tomado como un objeto y me había besado de la manera más sucia que jamás nadie me había besado. Su lengua invadió mi boca y soltó un veneno con saliva que hervía intensamente. Sus manos habían sido dos pinzas que me apresaron y me empujaron hacia él, casi al borde de mezclarnos en uno solo. PeroContinuar leyendo »

Segunda parte de mi voyerista particular Después del episodio del baño con mi vecino voyerista, empecé a caer poco a poco en su juego de manera sistematizada. En las mañanas salía con lencería de encaje de lo más sensual al balcón de mi recámara. Conjuntos de dos piezas y de colores oscuros como negro, guindo, o azules oscuros que resaltaban en mi piel extremadamente blanca, y que coronaba con una cortita bata de seda semi transparente para no parecer muy exagerada. No quería que vecino voyerista se diera cuenta de que yo estaba consciente de su acoso. Ese era en resumen la parte esencial del juego, de mi juego; él debía sentirse alerta todo el tiempo, sentir la adrenalina de no ser atrapado en sus perversiones. Debía permanecer como un espía entre las sombras y nunca saber que fue descubierto. Es por eso que me divertía siendo lo más sensual que podía sin dejar de parecer natural. Pocas veces volteaba en su dirección y trataba hacer movimientos casuales que en el fondo sabía que lo estarían volviendo loco. En esas mañanas salía con cara soñolienta y después de tomar una gran bocanada de aire matinal, en donde mis pulmones se llenabanContinuar leyendo »

Quité el contacto del coche y se apagaron las luces. La única iluminación que teníamos era la de la luna, que aunque sin estar llena, hacía que la visibilidad en el interior del coche fuera más de la deseada. Lo habíamos hablado varias veces y nunca nos habíamos decidido a hacerlo, ni en la época de nuestros inicios, cuando no teníamos lugar para bajar la calentura que nos entraba cuando quedábamos para vernos. Nunca, quizás una vez, habíamos utilizado el coche para disfrutar el uno del otro y tras varios años juntos y después de una cena bañada por un par de botellas de vino, nos decidimos medio en broma medio en serio a coger el coche y plantarnos en el campo, entre los árboles, en un lugar en el que las parejas, más jóvenes que nosotros, solían frecuentar para desfogar sus tensiones y deseos. Bajamos del coche y tras echar hacia adelante los asientos delanteros pasamos a la parte de atrás. Tan pronto nos acomodamos en la parte trasera nos miramos y nos comenzamos a besar juntando nuestras lenguas como queriendo comernos mutuamente. Empecé a bajar mis manos por tu espalda recorriendo la tela de ese vestido de pequeñosContinuar leyendo »