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Sexo prohibido


  • Hola, mi nombre es María y tengo 29 años. Quiero contaros algo que me pasó este fin de semana..un fin de semana de sexo prohibido.

    Hace un par de semanas que mi novia y yo cortamos. Ella llevaba un tiempo rara conmigo y yo pensaba que estaba liándose con otra, así que continuamente estábamos discutiendo y peleándonos. Así que decidió irse de casa, lo cual me confirmó mis temores.

    De la juerga a la cama

    La cuestión es que no sé nada de ella desde que se fue, y tenía muchas ganas de vengarme. Bueno, de vengarme y de follar, porque soy muy activa y necesito follar con frecuencia. No me basta sólo con masturbarme con juguetes. Necesito más. Por eso mismo, decidí quedar con Carlos y Antonio, una pareja de gays con la que solíamos salir Teresa y yo hasta que la muy zorra me abandonó.

    Estuvimos bailando salsa toda la noche. A mí no se me da bien, pero a ellos dos sí, por lo que no me dejaron sentarme más de una canción. Carlos decía todo el rato que no podía sentarme a llorar las penas en la barra y lamentarme por culpa de nadie. De todos modos, entre canción y canción, bebíamos y bebíamos. Bebimos tanto, que mis amigos llamaron a un taxi para que nos llevase a casa.

    Primero pasamos por casa de mis amigos para soltarlos, pero sólo se quedó en casa Antonio, pues Carlos volvió al taxi después de entrar en casa a mear. Quiso acompañarme a mi casa porque yo estaba muy mareada y no se quedaría tranquilo hasta verme a salvo en mi hogar.

    Una vez allí, insistió en acompañarme hasta dentro. Y como yo me sentía tan sola y con tantas ganas de hablar, pues no rechacé su compañía. Estuvimos hablando un rato hablando hasta que de manera inevitable lloré como una tonta por todo lo que me había pasado con Teresa. Carlos me consolaba de esa manera en la que sólo un gay puede hacerlo. Me escuchaba y me abrazaba. Allí me sentía bien, segura, cómoda y, por un instante…se me olvidó todo.

    Pero no, Carlos quería mucho a su novio y yo hacía años que no me acostaba con un tío. Pero Carlos es tan amable y tan guapo. ¡Y baila tan bien! Incluso juraría que durante el baile de salsa tuvo alguna que otra incipiente erección.

    La cuestión es que allí estábamos, abrazados, él me acariciaba el pelo mientras yo apoyaba mi cabeza en su pecho, reclinado en el sofá. Ese sofá donde tantas veces me había comido el coño Teresa. Sí, Teresa, la muy zorra me había dejado tirada como una colilla. El alcohol y el cansancio me estaban venciendo, así que cerré los ojos.

    De repente, abrí los ojos y estaba en mi habitación, casi desnuda, sobre la cama. Y cuál no fue mi sorpresa cuando vi a Carlos subirse el pantalón como un rayo. Así es, estaba de pie, enfrente de mí, con su polla en la mano pajeándose, el muy cerdo. Pero no sé por qué, aquella erección tan masculina me puso cachonda. Seguramente sería el alcohol, o lo raro de la situación, pero en lugar de insultarle y echarlo de casa, me puse a reír como una tonta.

    Sexo prohibido con mi amigo gay…

    Entonces, me levanté a duras penas, pues aún estaba mareada, y llegué a la altura de mi amigo. Volví a sacarle el manubrio de los pantalones y empecé a pajear a Carlos suavemente mientras me ponía de puntillas para besar su cuello.

    Él no sabía cómo reaccionar, hasta que tomó las riendas y me cogió de la cabellera tirando mi cabeza hacia atrás y comiéndome la boca como nunca antes lo habían hecho. Quedé extasiada en el acto. Me tiró a la cama y se puso a mi lado, besándome sin parar mientras con una mano me cogía la cabeza por detrás y con la otra me metía mano directamente en la raja. Enseguida empecé a humedecerme, me faltaba el aire y no podía seguir el ritmo de sus besos, así que moví la cabeza a un lado, acción que aprovechó él para lamerme y morderme el cuello.

    Yo sólo podía gemir y decirle que sí a todo. De pronto se levantó y cogió una cosa del pantalón…un preservativo!! El muy cabrón lo había cogido en su casa, pues ya sabía lo que iba a hacer en la mía. Por supuesto, me quitó un peso de encima, porque nunca se sabe lo que puede pasar si follas sin protección. Se puso el condón con rapidez y yo me afané en “mejorar la lubricación” del condón chupándole la verga como una posesa. Hacía años que sólo me comía el coño de mi novia y, como mucho, jugaba a chupar dildos y demás juguetes eróticos.

    La erección de Carlos era tremenda y la polla la tenía morada, así que temí que se corriera demasiado pronto, por lo que, en lugar de dejar que me la metiera directamente, lo tumbé bocarriba en la cama y me puse encima de su boca para que me hiciera él a mí una buena comida. Y digo que si lo hizo. Para ser homosexual, mi amigo Carlos sabía lamer coños como nadie. Casi mejor que mi novia. Yo me acariciaba el clítoris mientras él se comía toda mi raja y me metía un dedito y luego dos y luego tres…mmm, qué rico cómo me buscaba el punto G.

    Cuando vi que su polla empezaba a estar un poco flácida, aproveché para ponerme a perrito, ofreciéndole todo mi trasero sin resistencia alguna. Carlos no se lo pensó y me enchufó su polla sin dificultades en la vagina. Empezó a bombear flojito, con cuidado, pero me empecé a mover con violencia para que apretase el ritmo, y así lo hizo. Yo pensaba que él no quería apretar más por temor, pero enseguida comprendí que le estaba costando la vida no correrse, así que me lo saqué de un empujón.

    Fui a coger uno de mis dildos favoritos y, cuando lo tuve en la mano, Carlos me miró incómodo. Le pregunté que qué le pasaba, y me dijo que hacía unos días que no podía follar por el culo porque Antonio se lo había destrozado. En ese momento comprendí que él se estaba vengando de Antonio, al igual que yo hacía con Teresa. No le dije nada, sólo esbocé una sonrisa pícara, y me tumbé bocarriba para que me penetrase bien fuerte y hasta dentro, todo lo que pudiera, llenándome por entero mi mojado chochito.

    Carlos no se lo pensó dos veces, y empezó una follada frenética. Como queriendo aprovechar al máximo los últimos minutos de placer. Casi me corro, pero no llegué al orgasmo cuando él, soltando un gruñido animal, empezó a llenar el preservativo de su leche. Se quitó el preservativo, le hizo un nudo y…empezó a comerme el coño, limpiándome todos los jugos vaginales que me chorreaban hasta llegar a ano y las sábanas.

    Dios, qué bien me comió el coño. Cogió el consolador y empezó a follarme con mi juguete favorito mientras me comía el clítoris. Yo intentaba estimularme el ese botoncito del placer, pero no dejaba espacio para nada más que su lengua y sus labios. Yo sólo podía gemir y disfrutar, y así lo hice, hasta que un tremendo shock eléctrico recorrió todo mi cuerpo, dejándome muda por un instante para terminar con estertores por todo el cuerpo y casi gritando del placer. Carlos me acababa de regalar un orgasmo como hacía años que no tenía.

    Él se levantó a lavarse y a mear. Yo, entre el cansancio del baile, el alcohol, el sueño y el orgasmo que acababa de tener, sólo pude quedarme como una tonta en lo alto de la cama, sonriendo y mirando a mi amigo, hasta que me entraron unas ganas incontenibles de mear.

    Al terminar, le di las gracias, y él me hizo jurarle que no le dijera nada a Antonio. Y me confirmó mis sospechas…Antonio le destrozó el culo unos días antes por probar juguetes nuevos de una forma muy bruta, así que él vio la ocasión de devolverle el daño follando con otra persona. A mí no me molestó, porque al menos me había corrido y yo también lo había utilizado a él, claro.

    En fin, eso es todo lo que os tengo que contar de esta experiencia, nueva para mí. Ahora que estoy soltera, espero poder relataros más aventuras, porque pienso follar todo lo que no he follado en los 29 años que tengo de vida…a tíos y a tías.

    ¡Besos!

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    3 thoughts on “Sexo prohibido”

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