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  • Era mi cumpleaños. Entramos al cuarto del motel y la tomé de la cintura y levanté su vestido hasta donde sus nalgas quedaran descubiertas hacia el espejo que estaba frente a mí. Tenía puesto el cachetero negro que yo le compré.
    Apreté, golpeé, levanté sus nalgas y le di el beso más suave, el más enamorado en la boca, mientras mis dedos peleaban con la enredadera que cubría su monte de Venus y su vulva, buscando la humedad de su interior, hasta que -sin dejar de besarla- encontré la entrada, pasé acariciando sus labios mayores un par de minutos, cuando su mano tomó la mía suplicándole que entrara; y dos dedos obedecieron. Con su mano abrió mi pantalón, y de mis bóxers sacó -con la violencia que caracteriza al deseo- mi verga, para masturbarme, mientras yo la masturbaba y jugaba con mi otra mano al rededor de su culo.

    En la cama del motel

    Me recosté y le pedí que se parara en la cama, que se quitara el vestido, el brassiere, que me mostrara sus tetas; que se diera vuelta, e inclinándose hacia mis pies, desnudara su culo y su pucha, y con sus manos me dejara verlos.

    Entonces, se acostó encima de mí para besarme y hacer los movimientos propios de coger, hasta que tomé mi verga, la puse en su entrada, y ella -empapada en fluidos propios- se sentó para metérsela entera con un grito de placer y los ojos y los dientes apretados. Sus manos en mi pecho y sus gritos y sus gemidos y su amplitud que ya no siente nada si no es conmigo, y sus tetas que aprieto yo y aprieta ella y mis dedos que lame y chupa simulando que es mi verga; y me pide, me ordena, que le diga “puta” y obedezco, y la volteo y sus nalgas me golpean el abdomen y veo su culo y la llamo “puta” de nuevo y le escupo y le meto dos dedos… Y le doy nalgadas y grita más, hasta que se viene y aprieto su cuello y no puede hablar; balbucea, y entre el orgasmo que se provoca jugando con su clítoris y el que le propino yo con la verga entrando y saliendo de su pucha y con mis dedos en su culo, solo puede murmurar “vente en mi boca las veces que quieras”, y se tiende, desnuda y sudorosa, masturbándose para mí; yo pongo mi verga en su boca y me la mama y me la jala y el semen se dispersa en su lengua, sus labios, su mejilla, y se lo traga; con sus dedos lo junta y lo embarra en sus tetas y en su vulva, y tendidos y exhaustos, nos acariciamos mientras nos miramos a los ojos en la cama de aquel motel.

    Sexo en un motel
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