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La Donacion de Semen 3


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    Ahora la enfermera, de 110 centímetros de senos (talla 36DD), recibe una grata sorpresa en el ascensor. Un sexo anal inesperado.

    Otro día más termina en la clínica. La enfermera; de cabello negro corto, arrebatadora sonrisa y pechos generosos; se disponer a terminar su día de trabajo. Tras realizar un papeleo final en su escritorio se dispone a volver a su casa. Como no tiene, ni ganas, de hacer el camino por las escaleras, para bajar a la planta baja, decide usar el ascensor.

    Sube en el tercer piso y comienza a bajar hasta la planta baja. Se detiene en el segundo piso y entra un hombre. Se para a su izquierda. Ella lo mira un instante, lo conoce, se llama Alberto. Es un hombre de unos treinta años, calvo y algo fornido. A la mujer le parece guapo. Más de una vez, le pareció, que él le miraba con atención.

    El ascensor vuelve a ponerse en movimiento hacia abajo. Pocos metros después, cuando está a la altura del primer piso, Alberto, de repente, pasa un brazo por delante de ella y oprime el botón para detener el ascensor.

    Ella lo mira extrañada mientras levanta una ceja. El gira la cabeza y le dice:

    -¿Crees que no se de las “ayuditas” que les das a los voluntarios, para donar?-

    -Esas son cosas que dicen las malas lenguas-.

    -Mmm…Pues las malas lenguas dicen, también, que tienes una lengua traviesa- Ella no pudo evitar sonrojarse. El se dio cuenta.

    -Creo que te atrape-

    Acto seguido le paso la mano por la nuca, y mientras la bajaba por su cuello y espalda le decía:

    -Si eres tan generosa con otros. ¿Por qué no serlo con tu buen, compañero de trabajo, Alberto?-.

    Ella se limitó a no decir nada. Con lo que él se ubicó detrás y apoyó las manos en sus hombros.

    -A que si-. Mientras bajaba sus manos por los brazos de la mujer.

    Hizo que se girara para ubicar la de frente al espejo del ascensor. Ahora podía ver el rostro cargado de deseo y “travesura” del hombre.

    -¿Veamos que tenemos aquí?-Preguntó, mientras le desabrochaba la camisa y bajaba el corpiño/sostén. La enfermera sintió el miembro del, endureciéndose, contra su trasero cuando sus senos quedaron a la vista. Dos generosos pechos, redondos, firmes y de 110 centímetros de talla

    -Tienes lindas tetas. Pero lo que más te gusta es tu trasero-El hombre tomó un glúteo de ella con la mano, y comenzó a apretarlo con suavidad y erotismo. La mujer cerró los ojos por el gusto. Gimió cuando le tomo ambos y los acarició a la vez.

    -Sí, sííí… Mmm, me encanta tocarte. ¿Te gusta?-La enfermera asintió.

    Metió las manos debajo de su pantalón y continuó acariciándole los glúteos. Le dabas cosquillas con sus dedos tocándole las nalgas. Después le bajo el pantalón. La excitación, por la expectativa, aumento aún más cuando escuchó el sonido del cierre del pantalón de Alberto. Giró la cabeza y pudo ver su pene, firme y erecto al descubierto.

    Comenzó a frotarle el miembro contra las nalgas. La mujer apoyóla frente en el espejo y lo empaño con su aliento mientras gemía. El pene erecto y firme pasando entre sus glúteos.

    Cerró los ojos cuando él le bajó la bombacha/bragas. Sabía lo que venía. La empujó contra el espejo. Sus pechos se aplastaron contra el vidrio. Entre la espada y el.

    Le rodeó la cintura con los brazos y la penetró… analmente. Primero lo introdujo, muy lentamente, hasta el glande y lo sacó. En la segunda introdujo un poco más antes de sacarlo. Recién en la tercera introdujo, casi, todo su miembro.

    A partir de ese punto no se detuvo. Al principio lentamente, moviendo su cadera de adelante hacia atrás, y después más rápidamente. Para el hombre la sensación era del cálido ano envolviéndole el pene. Para la mujer eran dos cosas a la vez. Detrás el calor del pene dentro de ella y, delante, el frió vidrio sobre el que estaba apoyada. Enfriándole el rostro y endureciéndole los pezones.

    La enfermera emitía un gemido con cada penetración. Con cada estocada de ese miembro duro y firme dentro de su trasero. Escuchaba su respiración y las cosas que le decía al oído (“Qué lindo culo”, “No puedo creerlo”, “Por fin eres mía”). El área del espejo, en torno a su boca, se empañaba con su respiración.

    Ella solo hablo en tres momentos. La primera para, en modo de broma, advertirle que “Solo se… se puede do…donar semen en…reci…recipientes…mmm…recipientes estériles”. A lo que él respondió “Estoy donando…Pero directamente dentro de tu culito”. La segunda vez, muy a su pesar por que quería que ello durase por siempre, “Tienes que apu…apurarte o…o nos descu…o nos descubrirán”. Por lo cual aumento el ritmo mientras la tomaba de la cintura. Y la tercera vez:

    “Más rápido…mas rápido…así…quiero sentir tu…tu pene dentro de mí… ¡Mas fuerte!… ¡No te detengas!… ¡Tu culo es mío!… Sí. ¡Sí! ¡Sííí!… ¡Rómpeme el culo!… ¡Soy tu perra!… ¡Así! ¡Así! ¡Así! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!”. Fue en ese momento cuando Alberto explotó y juntos gritaron de placer. Mientras derramaba su semen, cada gota, dentro de su culo.

    Cuando se separaron, la enfermera se quedó por un momento con el rostro y el pecho apoyado sobre el espejo. Dio un paso atrás y contemplo el vidrio empañado y con gotas de saliva donde había apoyado el rostro. Sus tetas estaban frías y sus pezones duros. Ambos estaban algo agitados.

    Se levanto la bombacha/braga y el pantalón y cerro su camisa. A Alberto, tras subirse él la ropa, decidió regalarle su corpiño/sostén (“Como recuerdo por haberla pasado tan bien”). Aunque al hombre se le había acabado la erección, tras eyacular, tuvo otra, pequeña, al ver los pezones marcados de ella bajo la ropa.

    Rápidamente volvieron a poner en marcha el ascensor. Mientras bajaba hasta la planta baja la mujer tomo a su compañero con fuerza y lo besó. Lo besó con intensidad y hasta jugueteó con su lengua recorriendo su boca y tocándole la lengua.

    Al salir a la planta baja volvieron a besarse con la promesa de otro encuentro, mas intimo.

    La dama se dirigió rápidamente al baño de mujeres. Se contempló en el espejo. Por la excitación sexual, el nerviosismo de poder ser descubiertos, y el estar aprisionada entre un hombre y un espejo; estaba con el rostro empapado de sudor. Se lavó la cara. No dejaba de mirarse el rostro mientras lo recorría con sus dedos. Hasta estaba algo sonrojada.

    No recordaba una sesión de sexo anal tan breve e intensa a la vez.

    Se acomodo un poco mejor la camisa y se aliso el cabello con las manos. Dedico unos segundos, algo obsesiva, a sacarse cualquier pelusa o eliminar cualquier arruga de la ropa.

    Al salir del baño, mientras se dirigía a la salida, no pudo evitar esbozar una gran sonrisa. Y, al salir a la calle, no pudo evitar, tampoco, comenzar a reír con ganas y alegría.

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