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Convirtiéndose en mi Hembra (Capítulo 5)


  • CAPÍTULO 5
    No encuentro otra manera de referirme a ella sino como “Mi Mujer”. Es un término sumamente impreciso. Ella no es mía. Y por supuesto, yo no soy suyo. ¿Porqué le llamo “Mi Mujer” o “Mi Hembra”? ¡Vaya usted a saber! No vivimos juntos. No estamos casados. Hemos sido promiscuos, ambos.
     
    Aún así, el vínculo que me une a ella existe y es sólido. Sólo con ella tengo hijos. Ella es la confidente de todos mis secretos y ella no me oculta nada a mi. Bueno, aunque se toma su tiempo para contarme algunas cosas. Fue en su temprana juventud comparable a una criatura salvaje, hija de la lujuria y lo más fácil sería descartarla; desecharla. deslegitimarla. ¿Cómo puede alguien que se respete a sí mismo tener hijos con una mujer así?
     
    Pero más bien yo me pregunto: ¿Cómo podría no hacerlo? Es una mujer exitosa. Ha logrado avanzar en su profesión y es una ejecutiva respetada, calculadora, efectiva. Es sumamente eficaz para lograr todo lo que se propone y ha superado todos los obstáculos que se le han presentado, sean justos o no justos: no ha habido meta que no pueda alcanzar y superar.
     
    ¿Cómo llegó ella a mi cama teniendo los antecedentes que tiene? ¿Qué, aparte de la lujuria, pudo llevarme a procrear hijos con una mujer como ésta? ¿Cómo pude enredarme con una hembra de esta calaña? Las respuestas a estas preguntas existen. Y serán reveladas a medida avance con mi historia, la suya y la que he construido con ella.
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