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Aventuras sexuales de mi Hembra I (Novio en el Instituto)


  • (Tras su Desvirgación; Un Novio en el Instituto)

    La noche de su desvirgación fue mágica. Maravillosa. Gracias a su osadía y desesperación, la ensarté por completo, en gran medida porque ella misma se la metió sin miedo y sin contemplaciones. Enfrentó y soportó el dolor de recibir un pene adulto en su cuerpo tan joven, alcanzando placer y quizás hasta disfrutando el dolor.

    Tras mi copioso orgasmo y eyaculación, ella se quedó un tiempo con mi pene adentro, rehusando que se lo sacara. Se mantuvo firme y lo suficientemente duro para seguir ahí un rato, pero ella estaba un poco incómoda encaramada encima de mí, por lo que se acostó un rato, logrando impedir que saliera y así fue, hasta que, poco a poco se me fue encogiendo porque ella se acurrucó y nos limitamos a abrazarnos mientras ella se durmió un ratito con mi pene permaneciendo un ratito más en su interior.

    Más tarde, despertó y admitió que estaba adolorida, y que sentía dolor y un poco de ardor vaginal, por lo que la dejé descansar y aunque me inquietaba que el sonido del agua correr pudiese llamar la atención de otros en la casa, le sugerí tomar una ducha en mi baño, lo cual ella hizo. Mientras se duchaba, noté sangre en mis sábanas y las cambié por otras limpias para cuando ella llegara.

    Tras ducharse, retornó desnuda a mi cama, feliz, risueña, contenta y muy cariñosa. Charlamos largo y tendido, nos besamos y besé sus pechos. Toqué su cuevita recién estrenada, pero le dolió mucho, así que desistimos por esa noche de seguir haciendo el amor.

    Sin embargo, se hace el amor de muchas maneras y la penetración es tan solo una de ellas. Nos saboreamos, nos olfateamos, nos acariciamos y nos miramos a los ojos durante largos ratos hasta que la salida del sol llegó a estar muy cercana, así que contra mi propio deseo y el de ella, fue necesario que ella regresara a su habitación.

    Su ausencia de su habitación y su retorno a ella jamás fue detectada y la vida transcurrió como si nada hubiese sucedido… al menos en lo evidente.

    Las aventuras sexuales de mi hembra conmigo

    A partir de esa noche nos convertimos en amantes secretos. Éramos más que novios, pero no por nuestra vida sexual activa, sino por el secreto de nuestra relación. La edad de ella, sumado a la diferencia de edades entre ella y yo llamaba al secreto. No podía ser algo que se diera a conocer.

    Así que nuestro amor fue clandestino durante los primeros años.

    Durante ese tiempo encontrábamos mil y diez mil maneras para tener un pretexto que nos permitiese estar juntos y solos. Conocimos todos los moteles de la ciudad. Unos buenos, otros magníficos y alguno que otro que nos obligaba a llevar nuestro propio juego de sábanas, toallas y bocadillos. Después siempre llevábamos de eso, y yo lo mantenía en un maletín en el baúl de mi carro.

    Pasó el tiempo y protagonizamos aventuras sexuales en infinidad de lugares. En la habitación de mis padres, en el automóvil, en la oficina del negocio de mi familia e incluso en el baño para los empleados de un salón durante la boda de una prima mía.

    Pero todo lo bueno y todo lo malo llega a su fin y llegó el tiempo que ella regresara a su casa en su ciudad, porque su mamá regresó del extranjero.

    Fue una despedida traumática y dolorosa. Yo estaba completamente enamorado de ella y no soportaba la idea de que tuviera que irse. Me prometí a mí mismo no permitir una nueva despedida, pero como dijo John Lennon, “la vida es lo que sucede mientras haces otros planes”.

    Nos adaptamos a la vida por separado. Las cuentas telefónicas se incrementaron pero afortunadamente yo cambié de trabajo y regresé a mi ciudad para vivir en casa de mis padres, y el nuevo puesto me exigía viajar por todo el país, en automóvil. Así que llegué a tener la posibilidad de viajar a verla al menos una vez al mes.

    Si bien para mí fue difícil, para ella lo fue más. Yo tenía una actividad dinámica, conocía mucha gente y viajaba para todos lados. Ella debía ir a clases donde sus compañeras eran niñas mimadas e infantiles, que idolatraban artistas de moda, soñaban con novios y héroes comparables a los príncipes de las películas de Disney y ella era una mujer ya jugada con marido oculto.

    Por otra parte, sus compañeros eran indiscretos, escandalosos, morbosos de manera torpe y que en cuanto no más lograban tener un contacto con una de las chicas, al día siguiente lo sabía todo el colegio.

    Para hacer que las cosas fueran peor, ya no tenía en su barrio con quién pasar tiempo. Sus amigos de siempre solo querían cogerla y a ella ya no le interesaban los niños. Su mejor amiga y ella se habían distanciado por su curiosa exploración del lesbianismo, lo cual había avergonzado sobremanera a su amiga.

    Así que se dedicó de lleno a sus estudios y lo logró hacer con mucho éxito, pero social y románticamente estaba en muy mala situación.

    Yo venía a verla y al principio aprovechábamos todo momento para ir a un motel, pero poco a poco ella comenzó a deprimirse un poco. Me reprochaba que yo solo quería comérmela, que la usaba y no la valoraba, así que comencé a llevarla al cine, a cenar y hacer más cosas como las que hacen los novios… pero a escondidas.

    Las aventuras sexuales de mi hembra con otro

    En esos días cuando ella se sentía más solitaria y deprimida, llegó un nuevo chico a su centro de estudios. Con fachas de rockero, le cayó mal a todo el mundo y permanecía aislado de todos. Así que ya había dos aislados en la clase. Era inevitable que ellos se hicieran amigos.

    Primero en el recreo. Luego irse caminando juntos a sus casas en lo que tuvieran de ruta común.

    Mientras tanto, yo la notaba todavía más distante. Ya no me llamaba por teléfono y cuando yo la llamaba tardaba en contestar y a menudo no contestaba. Así que hice esfuerzos por visitarla más a menudo, y tenía que esforzarme por convencerla para que saliera conmigo.

    Y claro, la seguí llevando a moteles. Pero ella simplemente se dejaba usar. Casi como estar cogiendo a una extraña o peor aún, a una prostituta barata. Inerte. Impaciente para que termines y te largues.

    Entonces me acordé: hacía poco más de un mes ella me había pedido que le recomendara un buen vino, no muy caro pero que fuera agradable, porque iba a celebrar un cumpleaños de un compañero de su escuela, y a partir de eso, me puse en modalidad de alerta.

    Lo que sucedió y que ella me contó después, es que ellos comenzaron a irse caminando hacia sus casas, y la caminata que hacían juntos era de unos quince minutos y luego cada uno caminaba solo durante unos diez minutos más.

    En la clase se sentaban juntos. El recreo lo pasaban juntos y a mediodía almorzaban juntos. Luego caminaban juntos a la salida de clases y después se llamaban por teléfono. Pasaban horas pegados al teléfono y no se aburrían nunca de platicar.

    Luego él cumplió años y ella fue invitada a su casa por la noche a partir un pastel. Ella llevó la botella de vino que yo le compré y se la entregó a él pensando que podría ofrecerla a los demás invitados, pero él prefirió ocultarla porque pensó que para su familia, ese obsequio no se vería bien.

    Ella fue muy bien recibida por la mamá de él. Madre soltera, tenía tres hijos, de los cuales los dos mayores ya se habían ido de la casa y se había quedado únicamente con el menor. Vivían en la casa, además, una prima y un primo del chico y entre todos ellos y unos cuantos vecinos, festejaron al chico en su cumpleaños.

    Él tenía tomada de la mano siempre que podía, a mi mujer, lo cual no pasó desapercibido para su madre, y a ella un poco incómoda aunque no mucho.

    En un momento dado durante la fiesta, mientras todo mundo conversaba con alguien, él se le declaró para ser su novio, y ella, titubeante un poco, aceptó. Así que ya eran novios, y casi de inmediato él fue y se la presentó como tal a su mamá, diciéndole que ella acababa de aceptar.

    La mamá se emocionó muchísimo y la abrazó, la besó, le dijo que la quería mucho, y que era bienvenida siempre en su casa.

    Así que a partir de entonces, fueron novios y se volvieron más unidos. Por la tarde, él se iba hasta la casa de ella a dejarla y se regresaba para la suya, y aunque durante las clases disimulaban un poco, de vez en cuando se daban algún besito en las mejillas y se tomaban de la mano, ante lo cual casi de inmediato fueron considerados como pareja por todos los demás.

    Ella también le presentó su novio a su mamá y con algunas advertencias, le dio permiso para visitarla siempre y cuando hubiera alguien en la casa. Sin embargo, él no iba a su casa sino a recogerla, y los sábados se iban con su mamá al mercado a ayudarle, luego ella les preparaba el almuerzo y por la tarde se iban al cine o a algún centro comercial.

    Los domingos, usualmente se iban de paseo con la familia de él a algún lugar cercano, fuera de la ciudad, y se fueron haciendo mucho más unidos.

    Cuando estaban solos, se besaban y se abrazaban, pero él nunca hizo un avance sexual hacia ella. Ella tampoco lo hizo. No le interesaba. Sentía que era una relación limpia y pura, bella, en la que no era necesario tener relaciones sexuales. Además, temía que él se enterara que no era virgen, así que no tenía prisa ni necesidad de entregarse a él.

    Pero llegó un momento cuando él le preguntó si había tenido novio o algunas aventuras sexuales. Ella se sonrojó y él notó que algo ella ocultaba, y ante su insistencia, ella se limitó a decir que hacía algún tiempo había estado enamorada de un hombre mayor, y él no insistió más. Pero ella le preguntó si había tenido alguna vez una novia y él le dijo que no.

    ¡Ella no lo podía creer! Así que insistió y él sostuvo su negativa: jamás había tenido una novia ni aventuras sexuales de cualquier tipo. Le preguntó cómo había podido besar tan bien y le dijo que era normal porque en las películas se mira cómo son los besos y que para él había sido muy natural besarla.

    Luego ella insistió en si había tenido aventuras sexuales, si alguna vez lo habían llevado a alguna casa de citas, como era común que los padres llevaran a sus hijos cuando alcanzaban alguna edad. Él le dijo que no, porque no tenía relación con su papá, no tenía tíos y sus hermanos mayores ni siquiera pensaban en esas cosas.

    Así que ella quedó un poco intrigada y le preguntó si él era virgen y él, apenado, le dijo que sí.

    Esa información entró como virus informático a su subconsciente y la obsesionó por el resto del día y por varios días más con las aventuras sexuales que estaban por venir.

    Las aventuras sexuales de mi hembra van a más…

    El lunes, cuando él se disponía a irse a su casa al entrar ella a la suya, ella lo invitó a pasar. Él se puso nervioso, pero ella le dijo que no se preocupara. Eran las tres de la tarde y su mamá no llegaba sino a las 7 y la mamá de él también. Así que inseguro de si era correcto, él aceptó y entró a la casa.

    Ella preparó unos bocaditos, merendaron y bajo su dirección, se pusieron a hacer sus tareas y a estudiar. Cuando terminaron, ella puso una película, la vieron y luego él se fue para su casa.

    Al día siguiente, ella volvió a invitarlo a pasar. Merendaron, hicieron sus tareas y pusieron una película. Sin embargo, ella estuvo muy activa. No paró de acariciarlo y besarlo. Lo abrazaba y llegó un momento cuando él se incomodó por su erección y trataba de ocultarla. Ella fingió por un tiempo que no la había notado y él se tranquilizó un poco, pero en un momento cuando su miembro se miraba tan grande… ella fingió descubrirlo y se mostró sorprendida y sobre todo agradada e interesada.

    Ante eso él se sintió más cómodo, pero apenado un poco, y ella le preguntó si se lo podía tocar, pero antes que él respondiera, ella ya tenía su mano sobre el mazo de él por encima del pantalón. Él no se esperaba eso, pero no hizo nada por impedirlo. Ella estaba agradada por el tamaño, que confieso que ella me dijo que era mucho, MUCHO más grande que el mío.

    Lo palpó por encima del pantalón haciéndolo crecer más. Y cuando él menos se lo esperaba, ella le comenzó a desabrochar el pantalón y se lo bajó hasta las rodillas para admirar, de frente y de cerca, aquel falo que podía desde ese momento ser suyo.

    En cuanto lo tomó con su mano, descubrió algo que ella no había visto antes: ese pene tenía prepucio, distinto del mío, que soy circunciso. Así que con un pene nuevo, más grande, más fuerte e incluso, más bonito y diferente, ella se dio gusto bajando y subiendo por su longitud, con un forro que se estiraba y se encogía como fuera que ella lo hiciera.

    Ella, concentrada en el placer que le provocaba tocarlo y verlo, y sin haber pensado hasta entonces en mamarlo porque estaba apenas descubriéndolo, no se dio cuenta del efecto que estaba teniendo en él cuando, de pronto, él eyaculó explosivamente, sorprendiéndola y pringándola, llenando su rostro y su blusa con su semen, calientemente eyectado y con una fuerza que jamás había sentido de mis eyaculaciones.

    ¿Qué comentarios merece ella? ¿Cómo la juzgas? Dímelo, por favor, antes de contar el final de este capítulo de las aventuras sexuales de mi hembra.

    Aventuras sexuales de mi Hembra I (Novio en el Instituto)
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    4 thoughts on “Aventuras sexuales de mi Hembra I (Novio en el Instituto)”

    1. Supongo que habra muxa gente q piense q es una puta, pero es dificil contenerse cuando se ve un buen miembro. Lo que pasa es que en realidad a nosotras no nos gusta desvirgar a los tios cuando ya estamos…estrenadas. La frustración ante la torpeza y las venidas rapidas es muy grande.
      Espero la segunda parte de estas aventuras sexuales!! Besis ^^

          1. Sí, yo le falle mucho a ella en ese tiempo. Y ella encontró sin buscarlo, con quien dar rienda suelta a su fogosidad y deseo. Estoy en este momento escribiendo el final de la continuación de esa historia. Pronto vendrán más.

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