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  Tenía 18 años  y mi hermana 20.  Ella sufría terrible dolores de cabeza y se la pasaba en tratamiento para curarse.  en una oportunidad que le acompaño al médico junto con mamá, el médico le explica que esas molestias se le pasaran cuando se case. Una tarde que regresa de su trabajo, pues se puso a trabajar,  llegón con dolor de cabeza y se le fue tornando más fuerte hasta perder el sentido.  yo la acomodé en mi cama, le solté la ropa, los sostenes se los solté, le quite las medias panty y le aflojé la falda y vigilaba su respiración mientras masajeaba su cuerpo.  Los brazos y las piernas…le lamia sus tetas succionaba sus pesones   El cuerpo de mi hermana es exquisito.  Piernas muy bien formadas y pulposas sin llegar a exagerar,  un trasero hermoso una tetas divinas, suaves…increíblemente suaves y su pubis una belleza con leve bello púbico.   Siempre hemos compartido juntos y ya antes, cuando adolecente, un par de años antes, nos estuvimos acariciando con frecuencia y en un par de ocasiones tuvimos sexo completo, cosa que relaté en otra publicación.   Yo no sé si mi mamá se percató o no de nuestros desvíosContinuar leyendo »

CAPÍTULO 1   A Laura la abandonó su marido a los seis años de casados, cuando ella frisaba en los treinta. Simplemente desapareció. No de la noche a la mañana, sino de la mañana a la noche, pues un día salió de casa para ir a trabajar y nunca más volvió. Luego supo que unos días antes de desaparecer se había despedido del trabajo a cambio de una indemnización de setenta mil euros. Laura quedó con dos hijos, de tres y cinco años, y con sólo los pocos euros que guardaba en casa, pues el hijo de tal de su marido había dejado tras de sí la cuenta bancaria más pelada que el culo de una mona, y las letras del piso al aire: “Arréglatelas tú para pagarlas, Laura, que yo me largo” parece que pensó e hizo.       Desesperada acudió a Marta, su buena amiga y vecina, más que a contarle su desgracia a tratar de compartir con ella su  desolación, su impotencia, en innato instinto de encontrar un pecho donde poder desahogarse. Marta fue ese pecho que necesitaba entonces. La atendió, la consoló, juntas pusieron de “hoja perejil” a los maridos en particular y a  losContinuar leyendo »

  CAPÍTULO 4º   Entonces, ese cuerpo  casi inanimado que hasta entonces fuera Marta, esa especie de muñeco o robot parlante, recobró la vida. Aseguró el freno de mano, devolvió la palanca de cambios a punto muerto y giró el contacto, apagando motor y luces    Mario, de mí conoces muchas cosas, pero no todas. Nunca te dije, por ejemplo, que yo parí un hijo. Las violaciones de mi abuelo no fueron inocuas, y sí, parí un hijo. El mismo día, casi a la misma hora y en el mismo hospital donde tú naciste. A mi hijo no llegué a verlo, me lo robaron; mi madre y mi abuelo me lo robaron, para dárselo a Dios sabe quién. Seguro que su dinero sacarían. Pero yo no lo abandoné, yo lo quería, sin importarme cómo ni de quién lo concibiera. Era mi hijo, el hijo de mis entrañas, mi hijito querido…   Marta, como digo, había vuelto a la vida. Su voz ya no era átona, sino con tonos; tonos muy tristes, pero también muy, muy, viscerales. Me hablaba de la forma más pasional, con más sentimiento, o sensibilidad, que pueda darse, pero sin mirarme, con su vista, todavía, prendida enContinuar leyendo »

  CAPÍTULO DOS    “¡Métemela, por Dios, Juanjo, cariño mío; métemela, hermanito mío!” Esas palabras resonaban en el cerebro de Laura como mazazos, como cañonazos. Cañonazos, mazazos, que la demolían, la destruían por dentro ¡Dios mío, qué había hecho! ¡Qué estaba haciendo! ¡Qué estaban haciendo los dos, Juanjo y ella! ¡Somos hermanos y esto es contra Natura!   Se separó de Juanjo dándole un empujón que le hizo trastabillar y de milagro no lo lanzó al suelo, aunque de quedar sentado en la pista no se libró. Luego echó a correr hacia la salida, tapándose la boca con la mano y sollozando histérica. Juanjo se recompuso la ropa, se levantó y corrió tras ella.   La alcanzó cuando salían ya a la calle. Intentó abrazarla pero ella le rechazó casi con la misma violencia que antes le separara de ella.         Pero… Pero ¿Qué te pasa Laura? ¿Por qué…?     No le dio tiempo a decir más, pues ella le soltó todo un señor y sonoro bofetón       ¿Que qué me pasa? ¡Que somos dos depravados! ¡Dos degenerados!       El llanto, los sollozos se hicieron más y más sonoros, más y másContinuar leyendo »

  CAPÍTULO 3º   Al día siguiente, nos despertó la llamada de nuestro jefe, D. Justo, a eso de las nueve y pico de la mañana, alarmado porque ninguno de los dos habíamos acudido es mañana a trabajar. A esas alturas, para nadie en la oficina era un secreto que vivíamos juntos, en plan “pareja de hecho”, como por entonces, años 1986-87, ya se decía y se sigue diciendo hoy día a este tipo de relaciones de pareja, con su Registro Oficial y todo. D. Justo no llamaba para incomodarnos, ni mucho menos, sino porque, efectivamente, estaba alarmado, pues de buena tinta sabía nuestra responsabilidad como empleados suyos, en especial la de Marta, por lo que se temía nos hubiera sucedido algo grave, pues otra explicación a nuestra común ausencia no la encontraba   Le respondió Marta, y con toda su cara le dijo que no iríamos a trabajar ni ella ni yo en unos días, que nos los descontara de las vacaciones o como quisiera, pero que habíamos decidido casarnos y necesitábamos tales días para arreglar el inherente papeleo. Y así sucedió, que nos levantamos en el acto para empezar a recabar cuantos documentos precisaríamos para contraer matrimonio, loContinuar leyendo »