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Era una tarde de invierno muy lluviosa, y en su despacho se encontraba ella, una maestra de universidad que con sus 45 años despertaba todas las miradas y fantasías de los alumnos del campus universitario. De repente llaman a la puerta y ella procede a abrir. Es uno de sus alumnos, el cual se presenta ante ella con un último trabajo para no perder el semestre. El aguacero era torrencial, y él, empapado de pies a cabeza,  le pide una toalla mientras se quita la camisa para secarse. Por instinto, ella se acerca a él y seca su pecho admirando su figura atlética y joven; y de pronto sus miradas se clavan fijamente. Él tímidamente acerca sus labios a los de ella besándola sutilmente. Mientras ella queda estática sin saber cómo reaccionar, él la toma de la cintura y la besa decididamente sin oposición alguna. De repente, ella reacciona y sus manos se posan en su espalda, subiendo así la temperatura empieza en sus cuerpos. Los besos ahora son apasionados, los labios de él recorren todo su cuello mientras sus manos desabrochan cada botón de su blusa, y ella hace lo propio con el broche de su pantalón.

La efervescencia del momento aumenta sin parar, y él la lleva con afán al escritorio, donde todo lo que está encima queda en el suelo. Sus manos suben su falda y sus piernas son separadas, sus pechos son liberados por encima de su sostén y su boca se posa en uno de ellos succionando, lamiendo, mordiendo con locura. Los gemidos de ella no se hacen esperar mientras él baja muy despacio por su abdomen, su lengua queda atrapada en su ombligo mientras sus manos masajean sus pezones con delicadeza. Siguiendo su camino hacia abajo, él sube por completo su falda, su lengua se desliza por sus bragas, las cuales se encuentran muy húmedas, las corre hacia un lado y sus dedos abren sus labios vaginales y su lengua se sumerge en sus fluidos moviéndose con habilidad, y los gemidos de ella son delirantes cuando uno de sus dedos la penetra moviéndose con cadencia. En un instante es ella quien quiere tomar el control, y con desesperación le quita el pantalón junto con la ropa interior, quedando y su miembro totalmente erecto en sus manos. Masturbándolo suavemente lo lleva a su boca y con mamadas suaves y profundas la respiración de él se agita.

Nuevamente él es quien toma el control, la tiende a ella sobre el escritorio, separa sus piernas y la penetra  con fuerza, las uñas de ella se clavan en su espalda con un gemido sonoro mientras su ritmo aumenta con destreza. Cada embestida es más profunda, con fuerza su ritmo aumenta  y tomándola de la cintura la embiste salvajemente hasta que ella, con sus gemidos desesperados, alcanza el clímax. Él se detiene por un instante  y retoma nuevamente el ritmo con embestidas profundas y certeras, y ella nuevamente entra en delirio, él no se detiene, los gemidos de ella lo excitan tanto que ya no puede más y lleva su miembro hasta sus senos, donde termina con una abundante eyaculación. El momento de éxtasis llega a su fin, aún no para de llover y ellos tendidos en el sofá se funden en una serie de besos apasionados queriendo que la tarde jamás llegue a su fin…

Tarde de invierno
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6 thoughts on “Tarde de invierno”

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