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 ¡Oh, pequeña y dulce Muerte!!! Todo lo bueno termina  

Habían ya pasado unos nueve meses desde que toda esta historia comenzó, me sentía totalmente llena, pero sabía bien que esta historia terminaría. Al principio yo sabía que él había tenido una novia, ella era demandante lo asediaba constantemente, por algún motivo se habían dado un descanso… hacía unos días, sin intención lo escuché hablar con ella, que tendrían que hablar cuando volviera.

Yo – Patricio, dime la verdad… Hablaste con ella?

Patricio – Si. ¿Pero cómo lo sabes?

Y – Lo escuché sin querer… Me imaginó que vuelves con ella

P – No lo sé, lo único que te puedo decir, es que no quiero que esto acabe.

Y – Sabes que sí te tengo será solo para mí, no me gusta compartir,

Pasaron un par de semanas y ni uno comentó nada, seguíamos como sí todo fuera igual, incluso peor, en cada instante a solas nos devorábamos con una necesidad insaciable, la lujuria nos había consumido por entero y cuando no estábamos juntos, al menos yo tenía sueños de su cuerpo sobre el mío, sus manos apretándome, su lengua recorriendo cada milímetro de mi piel, sus labios reclamando su derecho a poseer los míos. Todo esto me producía orgasmos húmedos y sonoros, me vi obligada a fingir que tenía horrendas pesadillas, así mis papás no sabían la real razón de esos escandalosos despertares nocturnos ( ellos lo atribuían al estrés causado por el estudio). Hasta que, llegó el día en que se reuniría con esa mujer. Yo ya no quería estar más ahí cuando eso pasara, así que decidí planear un último encuentro entre los dos, el último gran recuerdo, esto tenía que ser especial.

Como pude me hice con la casa que unos tíos tenían en la playa, ya que aun no llegaba la temporada de vacaciones, la casa estaba disponible, era el lugar perfecto, privado, seguro, cómodo y muy alejado de todo, eso era bueno ya que los dos éramos algo escandalosos a la hora de hacer el amor y eso nos daría cierta privacidad. Compré todo lo necesario para el fin de semana, comida, y algunas cosas en esa tiendita que tanto placer me había dado ”secretos de a dos”, también hice aseo, puse flores y prepare la habitación principal, para que fuera todo lo más cómodo posible, muchos cojines, un par de sillas, frente a la cama había un gran espejo que cubría casi toda la pared y una de esas pequeñas bancas acolchadas al pie de la cama… todo eso abría un gran abanico de opciones sexis a las cuales sacar provecho.

No me costó demasiado convencerlo de pasar el fin de semana largo los dos solos, no dije lo evidente, ya que no quería que el peso de la triste despedida empañara todo lo que había preparado. Con el pretexto de obtener el necesario descanso y conveniente soledad para relajarme, salí con el auto de mi padre de la casa ese viernes por la mañana y me dirigí a su departamento, Patricio salió de su edificio con un bolso al hombro, enfundado en unos blue jeans que se ajustaban perfecto en su trasero y una camiseta blanca que dejaba muy claro sus trabajados brazos y espalda… era una visión divina a mí muy humilde parecer. Metió su bolso en el maletero, subió al auto y me beso profundamente –Listo.- me dijo, con esas escuetas palabras tomamos camino a la costa.

Al cabo de 1 hora y media ya estábamos en nuestro destino, bajamos del auto y nos dirigimos a la puerta, abrí algo nerviosa, se notaba en mis manos temblorosas, me aparté y lo dejé entrar, entonces pasé y  cerré la puerta tras de mí. Ni uno de los dos hablaba, nos quedamos quietos como estatuas de piedra, sin saber cómo actuar, y es que a pesar de no decirlo los dos teníamos claro lo que este viaje significaba, yo por mi parte apenada por perder esta ilícita relación que tanto placer me producía y tanta seguridad me había dado y él por su lado sabiendo que perdía a esta compañía siempre dispuesta, que de alguna manera había llenado su vida estos últimos meses… pero también sabía que no podía tener al queso y al ratón sin que uno se comiera al otro. Decidí mostrarle la casa y los alrededores, a él le gustó mucho y claro a medida que mas veía, más entendía que mi plan era que esto fuera inolvidable, así que se dispuso a cumplir con su agradable labor.

Comimos algo liviano y hablamos de la vida, como el par de amigos que en verdad éramos, pero pronto llego la hora de los amantes… entonces la atmósfera cambió, nuestras manos inquietas tocaron el rostro del adversario y comenzamos a besarnos en el sillón, yo como siempre había elegido un atuendo fácil de quitar, una camiseta de tirantes sin sostén y unos pantalones deportivos sin nada por debajo, así quede desnuda rápidamente, él tampoco llevaba ropa interior, así que nos liberamos rápido de todo lo que se interponía en el camino. Lo tomé de la mano y nos dirigimos al cuarto, al pie de la cama aun parados comenzamos a comernos la boca, con esa hambre casi primitiva que ya tan bien conocíamos, mientras él bajaba a mis pechos yo observaba nuestro reflejo en el espejo, no me parecía que fuésemos los dos, sino otras personas que se veían muy bien juntas, me sentía una voyeur de esos dos desconocidos, Patricio por supuesto notó mí fascinación y me hizo sentar en esa pequeña banca a los pies de la cama, pero antes se sentó él con las piernas abiertas, así yo ocupaba el espacio frente a ellas, me senté y me ordeno mirar al frente, lo hice. Entonces comenzó a besar mi cuello y tocar mis senos, yo podía ver la intensa escena reflejada en el espejo, veía como el pellizcaba suavemente mis pezones y de vez en cuando levantaba la vista para saber donde estaban posados mis ojos, sus manos comenzaron a abrirse camino por mi vientre, con ellas separo mis piernas, abrió bien mi escondida vulva y empezó a masajear mi clítoris lentamente, casi tortuosamente, mientras yo me perdía  de a poco en el movimiento de sus manos,  hipnotizada con sus expertas caricias. Comencé a sentir esa oleada de calor que me invadía desde el centro expandiéndose a las extremidades, veía como de mi vagina emanaba ese licuado placer que lo mojaba todo a su paso, gemía despacio sentía como al mismo tiempo su pene crecía pegado a mi trasero, en ese minuto decidí pararme y colocarme en la cama, me puse de rodillas y me apoyé en mis manos viendo siempre adelante, él me miró con algo de asombro ya que sabía bien que no me agradaba eso de verme como un objeto, pero el momento lo ameritaba y yo quería sacar hasta el último de mis demonios fuera.

Así en cuatro patas, desnuda con los pechos colgando, ya no me parecía en nada a mí misma. Le apuntçe la bolsita blanca de letras rojas que estaba en el velador, en ella encontró un vibrador y un aceite de chocolate, él sabía bien como usarlos, se untó en la mano en el fragante aceite y comenzó a masajear mi espalda mientas de a poco se ponía tras de mí, prendió el vibrador y lo puso en mi clítoris que ya estaba muy sensible, mientras con la otra mano situaba su pene en la entrada de mi deseosa vagina y se hundió lentamente en mí, lo sentí llenándome, hasta llegar al tope, se movía como un maestro en su especialidad, mientras con una mano sostenía el vibrador con la otra agarraba mi cadera para poder envestirme mejor. Yo gozaba con cada movimiento, pedía mas rápido y mas intenso, cada que miraba el espejo veía en su cara el empeño que ponía en su ardua labor, como corría el sudor por su frente, como se movían mis pechos, pero algo faltaba, ya llevábamos un rato y no podía llegar al orgasmo, en ese momento y con la calentura a tope apoyé el pecho en la cama, así quedé solo con el trasero levantado, él finalmente comprendió que obtendría acceso total a la última de mis barreras (si bien en nuestro primer encuentro logró meter la punta del meñique, eso jamás paso de ahí y él lo había intentado varias veces).

Me sentía completamente comprometida, yo quería todo, él dudó y me preguntó

P – ¿Estás segura?

Y – Sí… dale pero despacio, probemos primero

No fue sino decir esto y comenzó a amasar mi trasero sin salir de mí aun, de a poco acercó su dedo a mi ano y lo empezó a estimular, palpaba de a poco, la sensación era placentera sin lugar a dudas, lo veía como algo  prohibido, de repente sentí caer un liquido justo en mí centro, el aceite de chocolate seguro… Patricio siguió así un rato, hasta que comenzó a hundir su índice lentamente, al principio por instinto apreté, entonces él me dijo que me relajara, si no, no funcionaría, que tenía que hacer como si pujara, que eso lo facilitaría. Así que con los ojos bien cerrados lo hice y lo sentí dentro, al principio dolió un poco, pero la sensación de estar verdaderamente llena me invadió y comencé a palpitar y contraerme mientas el apremiaba fuerte nuevamente en mi vagina y hacia movimientos circulares con su dedo dilatando mi recién desvirgado trasero, fue entonces que comencé a gritar como una verdadera perdida, mientras el rugía su propia perdición a mi espalda y se pegaba a ella para decirme al oído cuanto me extrañaría.

 

Ese fin de semana fue épico sin lugar a dudas, no me arrepiento de nada.

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2 thoughts on “ ¡Oh, pequeña y dulce Muerte!!! Todo lo bueno termina  ”

  1. Manejas bien la palabra y recreas mejor la situación. Y por fin encuentro algún texto que, además de combinar el erotismo con la delicadeza, es capaz de mantenerse alejado de la misoginia habitual. Veo demasiada gente que se pone a escribir y sólo acaba reproduciendo lo que ve en las nefandas películas que circulan por la red y parecen destinadas a alimentar el odio a todo lo femenino. Un placer leerte. Saludos.

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