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Orgía en la sala VIP

La gente cree que trabajar de gogo es fácil, pero no saben nada de lo que tiene que hacer una para que le vaya bien en este mundillo. Por ejemplo, no saben la dura dieta a la que debemos someternos para guardar la línea, o no saben el asco que da verle la cara a algunos paletos babeando como caracoles, o no se imaginan el montón de horas en el gimnasio para mantener tonificados los músculos. Otra cosa que tampoco saben es lo que una tiene que aguantar de sus compañeras gogos, o incluso de los porteros con los que tenemos que trabajar.

A menudo, los porteros son buenas personas, a veces es cierto que se les va la pinza, pero son gajes del oficio. También es verdad que siempre hay algún gilipollas que intenta pasarse de listo por creerse más guapo o más fuerte que el resto. A ese tipo de porteros no los puedo aguantar, y es entonces cuando una tiene que sacar a relucir sus armas de mujer, es entonces cuando una le hace ver que estaría con todos sus compañeros antes que con él…

Tal es el caso de Jorge, el cual es el típico musculitos que se cree que todas nos echamos a temblar cuando nos mira o nos dice algo. Tanto es así que un par de noches antes de lo que os voy a relatar intentó quedarse a solas conmigo, dando por supuesto que me iba a follar sin yo haberle dado pie a ello. Así que se las ingenió para convencerme a que me quedase allí esperándole hasta última hora. Llegado el momento, con las luces del local casi todas apagadas, me abordó por la espalda y justo cuando me giré me agarró con fuerza e intentó besarme, mas yo no quise y me fui de allí insultándole como a un perro.

El muy cabrón no perdió el tiempo, y difundió el rumor de que me había follado de mil maneras esa noche. Se puso a decir que yo me abría muy fácilmente, que yo era una puta como el resto, que no había tenido bastante conmigo, y todas esas fantasmadas de los tíos. Por ello, juré que me vengaría, y que serían sus amigos mis herramientas para tal objetivo.

De esa manera, después de una dura noche de baile y movimientos de caderas que volvían locos a hombres y mujeres, fui directa a la sala VIP donde había citado a los cuatro amigos de Jorge. Efectivamente, allí se encontraban los cuatro porteros: Víctor, de complexión fuerte, con el cual me llevaba francamente bien, muy simpático y maestro de no sé qué arte marcial; Boris, quien decía que no era ruso, pero tenía toda la pinta, rubio, alto, fuerte, de ojos azules; Francis, el más bajo de todos y el menos fuerte, destacaba por su agilidad; finalmente, Antonio, tenía mis dudas sobre él, porque tenía novia formal desde hacía un montón de años, pero también tenía que follármelo para completar mi venganza.

Mientras yo me encontraba hablando con ellos, el estúpido de Jorge estaba fuera, en la calle, esperando a que los camareros salieran del local para entrar dentro y esperarme, pues le había citado a él también, pero para más tarde…

Los chicos no sabían ni por qué ni para qué les había convocado allí. Nada les hacía sospechar que iban a ser mis herramientas para montarme una orgía en la sala VIP. Cuando llegué a la sala VIP, todos estaban sentados sobre el amplio sillón, con copas a medio terminar y amparados por una tenue luz roja. Les expliqué entre lágrimas que lo estaba pasando francamente mal por todo lo que Jorge andaba diciendo de mí y que no era cierto nada de lo que decía. Víctor, como buen amigo, se levantó y me dio un cálido abrazo. Me rodeó con sus fuertes brazos y me apretó delicadamente contra su duro pectoral. Me dijo que me entendían, que no hacían falta explicaciones.

-Sé que me creéis –repuse mientras me sentaba, aún rodeada por el brazo de Víctor, justo en medio del sofá, flanqueada por Víctor y por Antonio-, pero me duele que hayáis podido pensar que soy una mala amiga.

-¿Mala amiga? –preguntó Antonio-.

En ese instante aproveché para girarme hacia él, al mismo tiempo que masajeaba sutilmente el muslo de Víctor y suyo.

-Sí, Antonio, -dije, inclinándome ligeramente-, tú tienes mujer y sabes que nuestra reputación es muy importante.

Visiblemente contrariado por mis palabras y mi mano, Antonio no sabía cómo actuar.

-Eso es verdad –afirmó, intentando disimular su nerviosismo ante mis caricias… y ante su incipiente erección-.

Pese a la débil luz, Boris y Francis podían ver mis manos, pero no mis intenciones.

-Por eso sabrás que si alguien pone en entredicho tu reputación, tienes que defenderte–argumenté-

-Está claro.

-Por ello, os quiero demostrar que no soy una mala amiga.

La mejor venganza, una buena orgía

Dicho esto, termine de inclinarme y empecé a comerle la boca a Antonio, a la vez que con cada mano intentaba abrirles las cremalleras a sus pantalones, ante lo cual Antonio se olvidó de su novia, y tanto él como mi amigo Víctor se bajaron los pantalones hasta las rodillas.

Una vez me hube ganado la voluntad de Víctor y Antonio, con sus dos pollas bien tiesas tras un breve jugueteo con mis manos, me puse en pie y empecé a bailar como sólo una gogo sabe. El baile estaba dedicado a Boris y a Francis, empezando primero a contonear mi duro culito frente a la cara de Boris, para luego ir bajando poco a poco hasta su paquete, que aún estaba bajo el pantalón, pero cuyo bulto era más que notorio. Continué frotándome, cada vez con más fuerza, como si me tuviese completamente clavada, y una vez estaba a tono, me levanté y me fui a por el canijo de Francis. Me subí encima de él, dándole mis tetas para que mamase de ellas, a medio sacar del sujetador, y empecé a bailarle encima del nabo. A juzgar por su cara, no le estaba sentando nada mal el bailecito.

Con pasos muy sensuales, me dirigí en primer lugar a Víctor, quien se estaba pajeando suavemente para mantener su erección –igual que hacían ya los cuatro desde que les bajé los pantalones-, mientras arrastraba a Francis de la corbata para que me siguiera. Viendo que se quedaba apartado del grupo, Boris se levantó y se quitó completamente los pantalones. Cuando llegué a la altura de mi amigo y de Antonio, senté a Francis para que su cara estuviese a la altura de mi coño, pues me agaché para empezar a lamerle las duras vergas a los dos que estaban sentados. Nada más empezar, se oían leves alaridos de placer, como conteniéndose, parecía que les estaba gustando mi degustación. Mientras, Francis hacía lo propio con mi coño, al cual se estaba comiendo desde atrás. Me estaba proporcionando un placer extraordinario hasta que de pronto cesó, y acto seguido, sentí un enorme bulto abrirse paso a través de las paredes de mi cuevita. Me fue inevitable soltar un grito de dolor, que poco a poco se fue transformando en un intenso placer. Se trataba de Boris, quien había quitado al pobre Francis, pues él no llegaría –además, no podía hacer nada contra Boris- en esa posición. Pese a su brusca entrada, el ‘’ruso’’ se mostró compasivo y me penetraba desde atrás casi con cariño, al mismo tiempo que no paraba de repetir “¿Te gusta puta? ¿Te gusta?”.

Yo, como tenía la boca ocupada por sendas pollas de Víctor y de Antonio, poco podía contestar, excepto con profundos gemidos. Paré de chupar para mirar por encima de mi espalda a Boris, pues me excitaba enormemente tener toda aquella polla dentro de mí, y quería ver la expresión de placer que su dueño tenía mientras me rompía de aquella forma. Al hacerlo, pude ver también a Francis a un lado, como esperando su turno. Ante eso, decidí sacarme la polla del ruso de una vez incorporándome completamente. Entonces, me senté encima de la verga de Antonio, haciéndole una señal al flacucho de Francis para que se sirviera. Y así hizo. Pude ver una polla realmente gorda en comparación con el tamaño de su cuerpo, y disfruté tanto de aquella visión como de la manera en la que me iba perforando el coño, apretando su polla contra la de Antonio, poco a poco, haciéndose sitio y rellenando completamente mi vagina.

El ruso se puso a un lado, ofreciéndome su enorme polla, la cual ocupaba toda mi boca y  casi no me dejaba respirar. Fui alternando su polla con la de Víctor, que ya empezaba a impacientarse y a buscar la ocasión para follarme él también. Pero ahora tenía el chochito a punto de reventar y el enorme placer que me brindaban Antonio y Francis era indescriptible. A medida que iban cobrando vigor sus acometidas, en especial las del canijo, mayor era el rubor de mis mejillas, y no tardé mucho en sacarme la polla de Víctor, para no atragantarme justo cuando me venía un orgasmo, gesto que aprovechó mi amigo para sustituir a Francis y… meterme el dedo corazón por el culo. No pude negarme, si bien no me atrevía a empezar ese peligroso juego, teniendo en cuenta la enormidad de la polla del ruso, quien sin duda querría follarme también por ahí.

Una vez humedecida su polla y con tres de sus dedos dentro de mi recto, Víctor apoyó la cabeza de su pija en mi ano, y empezó a hundirla lentamente, abriéndose camino a través de mis esfínteres, los cuales no podía relajar completamente porque el cabrón de Antonio no paraba de zumbarme concienzudamente por el coño. Al fin logró metérmela toda dentro, mas yo sentía que me vaciaba completamente, pese a estar tan bien cubierta por todos mis orificios. Previendo las intenciones del ruso, me saqué la polla Antonio y la de Víctor, para a continuación meterme ambas por el culo. Primero la de Antonio, luego la de Víctor. De ese modo, tendría más dilatado el ano y sería más soportable el maltrato que iba a sufrir de un momento a otro.

Así, con las pollas de Boris y de Francis en la boca, y las de Víctor y Antonio en el culo, era como si tuviese dos enormes pollas en lugar de cuatro. Yo quería correrme al menos otra vez, y como presentía que Víctor y Antonio estaban a punto de correrse, me quité de encima las cuatro pollas a la vez, para cambiar los roles. Tumbé a Francis en el amplio sillón y me clavé su polla en todo el coño, tras lo cual le puse en bandeja el culito a Boris, quien no rehusó la oferta ante tan sugerente postura. Me giré de nuevo sobre mi espalda, pues no estaba dispuesta a perderme cómo entraba toda entera esa enorme polla en mi recto. Una vez dentro, una vez acompasados los movimientos, empecé a apretar el movimiento de mis manos, que ahora pajeaban Víctor y Antonio, los cuales se vinieron en mi boca, casi a la vez. Con intención de enjuagarme la boca, estiré un brazo y alcanzar así una de las copas que tenían allí servidas.

Acto seguido, el canijo de Francis empezó a acelerar el ritmo, a lo cual le acompañó el ruso, experimentando un largo y electrizante orgasmo. El ruso ya no podía aguantar más y sacó su verga de mi culo para correrse en mi boca, mientras yo le miraba a los ojos completamente agradecida, y volvía a coger el vaso con la bebida para volver a enjuagarme la boca.

Ya solo quedaba Francis, cuya polla metí en el sitio vacante dejado por el ruso para que me regase el culo con su leche. No tardó mucho en hacerlo, resbalándose las gotas de su semen por su falo una vez se vino dentro de mí, y las cuales lamí para a continuación volver a enjuagarme la boca.

Había pasado una media hora desde que empecé mi baile, tiempo suficiente para que el local estuviese completamente vacío, a excepción de los cuatro porteros y del infeliz de Jorge, que todavía esperaba en la barra del bar esperándome.

Cuando se marcharon del bar los cuatro, me arreglé y salí a hablar con Jorge. Tras pocas palabras, le di una de las copas que había sacado de la sala VIP para brindar por nuestra amistad. Tras carraspear y hacer una elocuente mueca de asco, deduje que no le había gustado demasiado mi particular cóctel de alcohol y semen.

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