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Relato amor filial: Una mamada diferente

La mamada que os voy a contar en este relato erótico me la hizo mi propia madre. El día comenzaba como cada día a las nueve de la mañana, me levanté, subí la persiana de mi habitación y a la vez se levantó mi madre que como he mencionado en relatos anteriores se llama Pilar. Mi madre me dio un beso en la mejilla de buenos días y nos fuimos a desayunar, mientras desayunábamos, mi madre me dijo que si me apetecía acompañarla a dar una vuelta y le dije que me parecía una idea estupenda. Así que después de desayunar, recogimos un poco y mi madre se fue a duchar mientras que yo le esperaba en el salón para después ducharme. Pero cuál fue mi sorpresa, cuando justo antes de ducharse, va a la cocina en tanga y sujetador, nada más verla, me entró una erección que intentaba a toda costa que no me viera. Al salir de la ducha, mi madre fue a mi habitación y me dijo:

Mamá: cariño, no sé qué ponerme.

Raúl: ponte lo que más te guste, vas a estar guapa con cualquier cosa.

Entonces, regresó a su habitación, y me enseñó un vestido blanco con estampados y unos vaqueros con una camiseta de tirantes.

Mamá: ¿cuál te gusta más?

Raúl: mamá en serio, vas a estar guapísima con cualquiera de las dos cosas.

Mamá: es que no se por cual decidirme.

Raúl: me gustan ambos conjuntos.

Mamá: ¿qué te parece si me pruebo los dos conjuntos y decides tú con cuál me quedo?

Raúl: como tu decidas, mamá.

Finalmente, se decidió por los vaqueros y la camiseta de tirantes y estaba, espectacular.

Una vez que nos preparamos, nos fuimos a ver tiendas, al llegar a la primera tienda, mi madre vio unas mallas ajustadas y me dijo “me encantan estas mallas”. Acto seguido, le dije que por qué no se las probaba, y así hizo, me dijo que si la acompañaba al probador para que le viese y opinase. Así que la acompañé hasta el probador y cuando me disponía a quedarme fuera esperándola, me dijo, entra conmigo, que no pasa nada. Entré dentro del probador con ella, se quitó las sandalias y los vaqueros, y nada más quitarse los vaqueros me quedé durante unos segundos mirándole el culo disimuladamente, aunque no podía apartar la mirada. Se puso las mallas y me dijo, “cariño, ¿qué tal me quedan?”. Yo en ese momento me quedé sin palabras, y pasados unos segundos, me di cuenta de que se le marcaba la vagina, y acto seguido me lo comentó aunque finalmente se las compró. Después seguimos dando una vuelta por las tiendas hasta que llegamos a otra para mirar, allí, observó una camiseta de tirantes roja y una camisa blanca. Así que se las probó y me dijo que si le podía acompañar como antes y así hice, entré al probador con ella y acto seguido se quitó la camiseta, cuál fue mi sorpresa, cuando se quita la camiseta y me di cuenta de que finalmente no se había puesto sujetador, cosa que me puso cada vez más excitado.

Cuando llegamos a casa, nos cambiamos y nos pusimos la ropa de estar en casa, justo antes de comer, al ver a mi madre con un vestido de tirantes corto me entró otra erección mientras nos íbamos a comer sin percatarse (o al menos lo que yo pensaba) ella de nada. Después de comer, recogí lo que habíamos utilizado en la cocina mientras que mi madre se fue, cuando terminé de recoger, me fui al salón, y nada más sentarme, me dijo mi madre que si podía ir a su habitación para ayudarle a hacer la cama ya que le había cambiado las sábanas, así que le dije que sin ningún problema, fui a su habitación y mientras colocaba ella un lado de la cama, me acerqué a ella y le toqué el culo. Unos segundos después, me dijo:

Mamá: cariño, ¿te gusta tocarme el culo?

Raúl: lo siento mamá.

Mamá: esta mañana cuando me has visto en ropa interior antes de ducharme se que te has excitado al verme.

Raúl: (sin palabras y avergonzado) lo siento mamá.

Mamá: tranquilo mi amor no pasa nada.

A continuación, mi madre, se puso en cuclillas y me sacó el pene, instantáneamente al verlo, me dijo:

Mamá: ¡¡¡Buffff!!! Cariño, que bien lo escondes (soltando una carcajada).

Raúl: (suelto una carcajada).

Una mamada con paja cubana incluida

Después de esta pequeña anécdota, le comencé a tocar sus preciosos pechos mientras que mi madre se metía mi pene entero en su boca y me hacía una mamada bestial. De vez en cuando mientras me hacía la mamada, la alternaba lamiéndome los testículos y mirándome con una sonrisita malvada. Cuando estaba en pleno proceso de la mamada, (recordad que mi madre llevaba un vestido de tirantes blanco en casa) le seguí manoseando los pechos hasta que se puso de nuevo de pie (estaba en cuclillas haciéndome una mamada) y se quitó el vestido, una vez que mi madre se había quedado completamente desnuda, me cogió el pene suavemente y nos fuimos al salón. Mientras nos dirigíamos desde su habitación al salón, se me ocurrió meterle un dedo a mi madre por el culo mientras caminaba y así me pase todo el trayecto desde su habitación hasta el salón. Antes de ir al salón, mi madre sin soltarme el pene, fue a mi habitación conmigo y cogió un condón de la caja que tenía yo escondida en un cajón de mi cama y nos dirigimos al salón. Al entrar en el salón, le volví a meter un dedo a mi madre por el culo hasta que llegamos al sofá, al llegar al sofá, le di un beso a mi madre en sus carnosos labios antes de continuar y poco después, me hizo una paja cubana con sus pechos a la vez que me la chupaba.

Más tarde, le introduje el pene por el ano mientras que ella se tocaba la vagina con un poco de saliva a la vez que le daba algún que otro azote en sus nalgas hasta que finalmente, me masturbó con sus manos corriéndome en su preciosa cara.

 

Relato amor filial: Una mamada diferente
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