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La Primera vez de Loreto

Loreto había sido una niña con mucha confianza en sí misma, siempre el centro de su mundo, todos la querían y hacían su voluntad. Ella siempre fue más amiga de los niños que de las niñas y en definitiva siempre supo que le atraía una clase muy específica de hombre.

Pasaron los años, Loreto se convertía día con día en una mujer más y más interesante, con sus curvas y formas femeninas bien definidas, eso la ayudaba con su intención de acumular admiradores allá donde iba. Esto también la hacía comprender muy bien como manipular a los hombres a su voluntad. Ella no era ni una santa,  sabía bien que a esa edad todos querían estrenarse o adquirir experiencia sexual y no estaba dispuesta a rifar su virtud con cualquier bruto, quería que fuera memorable, no por un ideal romántico, sino mas bien por el anhelo de sentir placer y no vivir esas historias de horror que las demás relataban.

Ya había llegado a su último curso y se había mantenido invicta. Aunque secretamente sentía muchos deseos de experimentar por primera vez las deliciosas sensaciones del sexo, se esforzaba en conocer esas sensaciones por sí sola, pero nunca llegaba a sentirse totalmente satisfecha, le faltaba ser penetrada por un hombre. Añoraba tener su primera vez.

La primera vez… de dos

Un día fue invitada a la casa de unos amigos de infancia a los que ya no veía muy seguido. Al llegar vio a sus tres queridos amigos de infancia y noto que ya eran unos hombres hechos, derechos y atractivos… Los gemelos 2 años mayor que ella y su mejor amigo Gabriel, de su misma edad. Pasó una estupenda tarde junto a los tres hermanos y toda la familia, hasta que llego la hora de volver a casa. Mario, el mayor se ofreció a llevarla, él siempre había estado loco por ella, eso era algo que todos sabían, así que su oferta no fue extraña.

Llegaron a casa de ella. Loreto pasaba mucho tiempo sola y sabiendo eso lo invitó a entrar, comenzaron a hablar sin rumbo, hasta que llegaron a las confesiones íntimas, Mario le confesó que hasta ahora no había estado con nadie, ella se rió creyendo que lo decía para darle por su lado, pero al ver que él se ofendió sinceramente, decidió confesarle que ella tampoco lo había hecho aún por primera vez.

Al saber este mutuo secreto surgió la necesidad, se miraron con deseo. Ambos eran jóvenes y atractivos, él media cerca de 1,85 y tenía un cuerpo varonil, bien definido, fuerte y atlético. Ella no se quedaba atrás, tenía un cuerpo con la forma de un reloj de arena, 1,69 de altura, pechos turgentes y orgullosos, una pequeña cintura, amplias caderas y piernas bien torneadas, era la fantasía de cualquier hombre.

Una intensa primera vez

Él no resistió la tentación de ese cuerpo de ninfa y comenzó a besarla, con el deseo que hervía en su interior, le subía desde la entrepierna, para ir a parar a su boca y sus manos. Ella también ansiosa no fue capaz de rechazarlo, respondió a esa lengua que invadía su boca, sus manos que recorrían su cuerpo cada vez con más confianza, el peso y calor de su cuerpo que se abalanzaba sobre ella, pero quería mas, el juego ya había comenzado y no lo pararía, no ahora. Sabiendo que tendrían la casa para ellos hasta muy entrada la noche, lo guío al cuarto de sus padres, donde había una cama grande y cómoda.

Seguían besándose y manoseándose, pero Loreto quería más, así que guió la mano del indeciso amante a sus pechos, mientras él apretaba y amasaba sus generosos senos, ella sentía como se comenzaba a empapar su pequeño calzón, como palpitaba su vagina reclamando por ser llenada de una vez por todas, así que decidida bajó el cierre del pantalón de él, palpó con confianza y cierta maestría ese creciente falo.

Mario: ¿Ves cómo me pones?

Loreto: Mmmmm, me gusta que todo eso sea solo para mí, quiero sentirlo dentro…

Él sintió como sí un incendio recorriera sus venas, así torpemente empezó a desvestirla, sacó su sostén dejando al descubierto esos dulces y sensibles pechos con esos lindos y pequeños pezones café ya duros y crecidos… atrapó uno con sus labios, lo succiono y saboreo, mientras que con sus manos terminaba de desabrochar sus propios pantalones, para así en un rápido movimiento liberar su miembro, ya duro y dolorido. No sabía bien por donde seguir, quería tocar y besar todo, jugaba con sus pechos, los chupaba, mordía y apretaba. Ella ya más que excitada comenzó a masturbarse rítmicamente, buscando aliviar la sensación quemante de su entrepierna. Él, al darse cuenta, bajó su diestra mano y tocó esa húmeda e inexplorada vulva por primera vez, comenzó a mover su dedo en círculos y se sorprendió con lo mojada que estaba.

La verdad es que ya estaban los dos preparados y Loreto sentía que su interior se incendiaba: -¡Mételo ya!- Dijo ella con impaciencia, mientras él tomaba su verga y la ponía sobre su jugosa entrada, al principio no pudo meterlo en ese apretado agujero, pero poco a poco empezó a enterrarse en ella, despacio, muy lento, casi con miedo a dañarla. Mientras ella con una mezcla de dolor y placer, sentía como sí un cuchillo desgarrara su interior. Se agarró a la espalda de él con brazos y piernas, para hacer que llegara al fondo de una vez… ¡aaaaaaah!- de un grito clamaba por su pérdida virginidad.

Cuando llego al tope y estuvo completamente llena, ambos se quedaron quietos, para poder absorber esa sensación plenamente, ese cosquilleo, el palpitar, pero la urgencia de encontrar alivio y liberación, los hizo moverse y refregarse el uno contra el otro, el movimiento fue cada vez más frenético y descarnado, mucho más animal. El instinto los guiaba por completo.

Ella se retorcía, como un pez fuera del agua, mientras él arremetía y sentía cómo esa ajustada y caliente cavidad lo succionaba con cada delicioso movimiento y sin poder contenerse más llegó al orgasmo en silencio, viniéndose con todo en su interior, mezclando su eyaculación con los fluidos de ella. Mientras pasado un par de envestidas ella también se dejo ir soltando un último suspiro de alivio y placer.

Después de aquella primera vez, ambos siguieron con las caricias, descubriendo cada sensación de sus cuerpos… hasta que cayeron en un leve y reparador sueño.

 

La Primera vez de Loreto
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