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Allí estaba yo a las dos de la madrugada. Masticando una magdalena frente a la puerta del cuarto de Sandra pero sin atreverme a entrar.

El pasillo estaba oscuro y silencioso, podía ver una franja de luz bajo la puerta y escuchar un débil murmullo que supuse era su televisión.

Había estado pensando en la situación y cada vez me costaba menos ponerme en su piel. Sabía que ella misma estaba sorprendida tras besarme y marcharse aterrada a su cuarto sin hacer caso de mis intentos por calmar la situación. Pero… ¿Qué significaba aquello?. Tanto pensar en eso hacía que el sueño me esquivara por lo que acabé optando por lo que me pareció lo más sensato. Hablar con ella. Aunque la verdad, no resultaba nada fácil…

Finalmente tomé aire y llamé a la puerta. El murmullo de la tele cesó unos segundos después y escuché unos pies descalzos acercarse a la puerta por el otro lado.

Al quitar el seguro y abrirla, mi corazón dio un vuelco al ser consciente de que ya era demasiado tarde para echarse atrás, puesto que Sandra estaba parada frente a mí con la mirada clavada en el suelo y una expresión de resignación que me indicaba que sabía que quién llamaba a la puerta era yo. Se echó a un lado para dejarme entrar y después volvió a cerrar la puerta.

Como casi siempre, su cuarto estaba hecho un desastre pero no me costó mucho encontrar una bolsita con regalices de varios tipos y tamaños. Siempre le había gustado mucho y se aseguraba de tener provisiones a mano todo el tiempo. Era su droga.

Ella estaba parada en el centro de su cuarto sujetándose los codos y tratando de esquivar mi mirada. Tan sólo vestía una camiseta de tirantes blanca muy parecida a la mía que era rosa, pero la suya era más holgada y la mía ajustada. Ninguna llevaba sujetador.

Abajo no llevaba nada excepto unas braguitas también blancas que la camiseta apenas llegaba a cubrir. Yo al menos llevaba un pantalón corto y ajustado de un rosa un poco más intenso que mi camiseta. Me senté en su escritorio y durante unos largos segundos se hizo el silencio mientras devoraba un regaliz con azúcar. ¿Por donde empezar? Era difícil saberlo pero sus preciosos ojos me dieron la respuesta. Era evidente que había llorado mucho.

– ¿Estás bien? – Ella se encogió de hombros nerviosa. Parecía a punto de echarse a llorar.

– Sandra, no he venido a regañarte ni estoy enfadada. Sólo quiero hablar de lo que ha pasado antes… – A pesar de que estaba haciendo un esfuerzo enorme por no llorar, una gruesa lágrima escapó de su ojo derecho y resbaló por su mejilla hasta perderse en sus labios. Aquello era más de lo que yo podía soportar. Sandra era mi hermana y odiaba verla en esa situación, como si la estuviese sometiendo al tercer grado. Viendo que se venía abajo por segundos me lancé a darle un abrazo y tratar de frenar sus lágrimas.

Me llevó casi cinco largos minutos conseguir que se calmara y sentarnos en su cama con las espaldas apoyadas en la pared, ella dejó la cabeza apoyada en mi hombro mientras yo la peinaba con mis dedos.

– Bueno cielo… Cuéntame – Le dije. Aunque la verdad es que en parte me daba pánico lo que me pudiera contar. Ella tomó aire.

– Sonia… Es que tú siempre eres buena conmigo… Y… Y me cuidas y me defiendes y… Me enseñas… – Era curioso pero me sentía identificada con sus palabras solo que en mi caso, era con mi hermano Javi.

– Claro cielo. Por que soy tu hermana… – Besé su frente con toda la ternura que pude reunir.

– Ya lo sé… Pero desde que siento esto… Yo… – Sandra era un manojo de nervios a pesar de mis intentos por hacerla sentir cómoda. La verdad, estaba alucinando.

– ¿Y desde cuando lo sientes? – Por un lado me daba miedo saberlo pero mi parte curiosa ganó el asalto.

– No sé… Creo que dos años o por ahí… – ¿Dos años?. Me costaba creerlo por qué no hacía mucho que habíamos dejado de ser crías, pero por otro lado ¿De qué le serviría mentirme en ese momento?. La situación me tenía confundidísima.

– Bueno… Pero aún eres muy joven y es normal que confundas sentimientos Sandra… – Ella guardó silencio unos segundos pero luego se incorporó y me miró fijamente con sus preciosos ojos en una mirada intensa que me hacía sentir pequeña.

– Sólo me sacas un año y pico. ¡y no soy una niña!. Puedo hacer las mismas cosas que tú, incluso me toco igual que tú antes ¿Sabes?. No confundo sentimientos Sonia, tengo claro que estoy enamorada… ¡Tanto si me crees como si no! – Sentía la convicción de sus palabras en aquella expresión firme y decidida que no daba muestra de venirse abajo.

– Pero cielo… ¿Cómo vas a estar enamorada de tu hermana? ¿Te das cuenta de la raro que suena eso? –

– Es que yo no te veo así… De verdad – Me contestó poniéndome una mano en la mejilla. Por un momento temí que volviera a plantarme otro beso y retiré su mano atrapándola entre las mías.

– Además Sandra, ¡soy una chica…! ¡Y tú no me pareces bollera! – ¿Qué sabía yo de esos asuntos a esa edad?. Tampoco es que conociera a ninguna lesbiana y como suele pasar cuando no tienes ni idea, te dejas llevar por los estereotipos y los prejuicios.

– ¡Hay Sonia! ¿Y yo qué sé?. Te quiero a ti, pero no tengo ni idea de si me gustan los tíos o las tías. A lo mejor me gustan los dos… O ninguno. Lo único que sé es que sólo pienso en ti desde hace mucho… – Era evidente que le incomodaba el tema por que se había puesto roja como un tomate.

– Buff… ¿Me lo estás diciendo en serio Sandra? – Ella asintió nerviosa. La verdad es que esperaba que me dijese que todo era una broma pero al mismo tiempo, cuanto más la escuchaba más me imaginaba a mi misma teniendo esta conversación con Javi. Pero en mi caso deseaba que él se lanzara a mis labios y me susurrara lo mucho que me amaba. ¿Sería eso lo que esperaba mi hermana de mí?. ¿Podría yo concederle ese deseo?. Como suele ocurrir con todo, hasta que no pruebas no lo sabes. Pero yo trataba de auto convencerme a mí misma por qué solo pensarlo me parecía surrealista. “¿Liarme con mi hermana?… Creo que no… ” pensé.

– Pero Sandra… Tú sabes que no puede ser nena, no podemos tener ese tipo de relación… ¿A qué lo sabes? ¿Verdad cielo?… – En ese momento vi la decepción en su rostro que pronto quedó cubierto de lágrimas que arrastraban de nuevo un llanto inconsolable. Ella se tapaba la cara con las manos y asentía lentamente.

– Si que lo sé… Si que lo sé ¡Jolín!… Y eso es lo que me mata Sonia… – Mis ojos habían comenzado a empañarse más que por sus lágrimas, por el hecho de que me imaginaba que Javi me rechazaba de la misma forma y eso hacía que se me cayese el mundo a los pies. Poco a poco dejaba de ver a mi hermana para verme a mí misma con semejante sufrimiento. Las lágrimas cubrieron mi rostro mientras me prometía que no me vería en la misma situación que ella. Contemplé a Sandra deshecha sobre la cama intentando llorar sin hacer ruido y me pregunté que culpa tenía ella de sentir lo que sentía. ¿Qué culpa tenía yo?. Ambas éramos prisioneras de nuestros sentimientos, pero al menos yo sabía cómo se sentía ella. “¿Qué pasaría si le doy lo que quiere? Al menos por una vez… Yo me conformaría con eso ¿no?”. Mi mente trabajaba a plena potencia sopesando ideas, posibilidades y situaciones pero de repente todo desapareció y solo quedó la luz amarillenta de la lamparilla de noche. El silencio roto por el llanto ahogado entre sus manos y el latido acelerado de mi corazón.

Cogí las manos de Sandra y las aparté de su cara. Estaban húmedas al igual que sus mejillas y sus labios que se habían enrojecido bastante. Sus ojos contemplaban mis lágrimas con una expresión de tristeza que era como un puñal en mi corazón. Aquello fue lo que me dio fuerzas para hacer lo que hice sin pararme a pensarlo demasiado.

-Tengo que estar loca… – Dije en un susurro al tiempo que tiraba de sus manos hacia mí y lanzaba mi cuerpo contra el suyo. Cuando mis labios chocaron con los suyos la sorpresa hizo que mi hermana se echase para atrás, pero un segundo tirón la devolvió a mis labios aún sorprendida. Al principio Sandra no se atrevía a mover su boca pero poco a poco al comprobar que no se trataba de un error o una broma pesada fue soltándose y correspondiendo a mi beso mientras con una mano acariciaba mi cuello y con la otra me atraía hacia ella desde la cintura.

Sus gruesos labios tomaban como prisioneros a los míos para después soltarlos y volver a perseguirlos mientras su lengua se enfrentaba a la mía en un duelo sin cuartel. La situación se me hizo más llevadera de lo que pensaba al imaginar que era Javi con quien me besaba, pero pasados unos intensos minutos y sorprendida por lo bien que besaba mi hermana, mi mente dejó de fantasear y me dejé llevar. Después de todo, aquello no estaba nada mal.

En poco tiempo ella llevaba el control de la situación y devoraba mi boca con tal pasión que su saliva cada vez me sabía más a regaliz. Su respiración acelerada arrastraba a la mía y apenas era consciente de que la situación se calentaba más de la cuenta.

Uno a uno los minutos pasaban lentos como si el tiempo no corriese dentro de su cuarto. Mientras, el calor comenzaba a crecer dentro de mí.

Si había algún momento para parar aquello, ya había pasado de largo.

Por supuesto fue ella la primera en dejarse llevar por el calenton y sus manos comenzaron a descender por mi cuerpo hasta llegar a mi pecho. Amasaba mis tetas lentamente pero con intensidad mientras fundidas en ese interminable y apasionante beso que me tenía derretida fuimos dejándonos caer sobre la cama situándose ella encima mía. No había pensado en ningún momento llegar tan lejos, pero en aquél momento yo no era capaz de pensar en nada más que no fueran sus labios suaves, carnosos y húmedos. Su lengua intrépida, su saliva con sabor a regaliz y el calor de su piel en contacto con la mía.

Fue levantando mi camiseta lentamente hasta dejar al descubierto mis tetas. Interrumpió un segundo nuestro beso para quitármela del todo y después fui yo quien me sorprendí buscando sus labios con impaciencia. Sus suaves manos se deslizaban por mi cuerpo dejando un rastro de piel erizada a su paso y de vez en cuando rozaban mis pezones duros y puntiagudos.

De repente todos mis sentidos trabajaban a pleno rendimiento centrándose en ella. Mis ojos buscaban los suyos de color marrón para perderme en la inmensidad de su mirada. Mi piel, sensible por el roce de su cuerpo enviaba a mi cerebro oleadas de pequeñas descargas eléctricas. Mis labios bebían de su boca aquel sabor intenso y dulce. El olor a su champú de manzana se mezclaba con el aroma a coco de su piel y penetraba en mi nariz con bastante intensidad.

A nuestro alrededor todo parecía haberse detenido y tan sólo el sonido de las sábanas, los besos y su respiración profunda rompían el silencio que reinaba en el ambiente.

El momento decisivo llegó cuando una de sus manos comenzó a hundirse bajo mi pantalón y sus dedos buscaban mi clítoris con esmero. Aquello era más de lo que podía soportar y comenzó a subir la temperatura de mi cuerpo alarmantemente.

– ¿Qué haces loca? – Le pregunté mientras trataba de detener el movimiento de su mano.

– Sonia… Vamos a hacerlo… Porfa… – Me suplicó. Yo no tenía mucha experiencia en el sexo y menos aún con otra chica. A parte, sabía que mi hermana nunca había estado con ningún chico, pero las dos sabíamos lo que venía a continuación y por un segundo tuve miedo, así que negué con la cabeza nerviosa.

– Porfa… – Su expresión era de un deseo incontenible pero sus ojos reflejaban toda la felicidad que sentía. Yo albergaba algunas dudas ya que nunca había estado con ninguna chica y aunque  sorprendentemente el hecho de besarme y tocarme con mi hermana Sandra no estaba para nada mal… Tener sexo con ella era otro royo.

– No Sandra, Me da cosa… – La verdad es que estaba muy caliente y me moría de ganas de tener un orgasmo así que cuando Sandra se lanzó a mis labios y volvió a jugar con mi clítoris me desarmo por completo.

– Porfa… Porfa… Porfa… – Me repetía ella entre beso y beso mientras mi entrepierna cada vez se parecía más a un volcán a punto de entrar en erupción.

– Buuff… Joder… Mmm… Vale loca… Mmm… ¡Vale!. Mmm… Dios… Estoy loca ¡Joder! – Ahora era yo quien hablaba entre besos.

– Ponte de pie porfi. Quiero verte – Ella me dedicó una enorme sonrisa mientras me salía de la cama y me ponía de pie frente a ella. Su mirada me devoraba por completo mientras me quitaba el pantalón y ella su camiseta. Sus pequeños pezones hinchados y oscuros resaltaban sobre sus pequeñas tetitas.

Después se quitó sus braguitas blancas y no pudo evitar frotarse un poco con la mano mientras yo avergonzada dudaba sobre si quitarme las mías. Sandra notó mi nerviosismo así que se sentó en el borde de la cama y tras agarrar mi cintura me atrajo lentamente. Me recibieron sus labios estrellándose contra mi vientre y cubriéndolo de besos. De nuevo una de sus manos frotaba entre mis piernas nublándome el juicio y cuando comenzó a bajarme la ropa interior apenas tuve capacidad de sentir vergüenza alguna.

– Uuuff Sonia… Estoy ardiendo tía… ¿Y Tú? – Yo estaba confusa, desorientada y tremendamente excitada por lo que me limité a asentir con la cabeza.

Lo que no me esperaba era que sus besos también bajaran hasta encontrarse con mi rajita. Aquello cambiaba las cosas por qué uno de sus dedos se hundía ya por mi vagina húmeda mientras su lengua jugueteaba a placer por fuera.

Lentamente fue tirando de mi cuerpo hasta que estaba otra vez tumbada en la cama con las piernas abiertas mientras que ella, de rodillas en el suelo, proseguía con su festín.

Sabía que mi hermana se estaba masturbando por qué veía una de sus manos perderse sospechosamente por abajo pero no me sorprendió mucho. Estaba disfrutando tanto que no quería perder la concentración ya que sabía que me quedaba poco para correrme.

– Sandra… Mmmm. Sandra, cielo… Vas… Vas a hacer que me corra ya… ¡aaah! Dios… Estoy loca, mierda, estoy loca… ¡aaaah Sandra! ¿Qué me estás haciendo?… – Pero cuando mi hermana escuchó esas palabras, lejos de parar o bajar el ritmo aceleró e hizo que me retorciera de placer hasta que consiguió que me corriera en una explosión de energía y adrenalina. A duras penas podía contener mis gemidos apretando los dientes y mordiéndome el labio inferior, mientras aquél maravilloso orgasmo empapaba el pecho de mi hermana en un breve pero intenso chorro, dejando las sábanas hechas un desastre. Ella observaba la escena atónita mientras yo la observaba a ella retorciendo con mis manos las sábanas y con una mezcla de gemidos y gruñidos silenciosos.

Cuando la sensación fue disminuyendo y mi hermanita se cansó de saborear mi vagina húmeda, se subió a la cama y se puso encima mía. Después comenzó a besarme de nuevo pero esta vez el sabor era raro y amargo. Notaba la humedad de sus tetitas al frotarse con las mías dejando en mi piel una sensación pegajosa y fría.

– Ojalá yo pudiera correrme como tú… – me susurró al oído. Frotaba su cuerpo con el mío poniendo énfasis en su vagina contra la mía. Mi sexo aún estaba sensible y cuando frotaba con más fuerza de lo normal se me ponía el bello de punta. Cuando comenzó a lamer mis tetas comprendí que aún no estaba preparada para otro orgasmo así que esta vez tomé el control.

Hice que se tumbara en la cama boca arriba aunque yo no sabía muy bien que hacer. Comencé chupando sus tetitas duras.

Eran muy suaves al tacto y se comportaban como un flan, que se mueve, se deforma, pero que al final siempre vuelve a su forma original. De vez en cuando atrapaba uno de sus pezones entre mis labios y tiraba de él hasta que emitía un leve gruñido. Sabía que había una delgada línea en la que el dolor era placentero y lo exploté al máximo.

Aquello parecía estar encendiéndola más por que comenzó a hurgarse la vagina ella sola. Su respiración se aceleró pero entonces yo la detuve.

Nunca había masturbado a una chica pero sabía lo que a mí me gustaba por lo que comencé a frotar sus labios. Sentí la humedad de su interior impregnando mi mano mientras comenzaba a penetrarla lentamente con dos dedos. Ella no se esperaba esa sensación y contuvo la respiración ahogando un profundo gemido. Sus paredes vaginales eran estrechas y calientes. Tan suaves, que me parecía estar acariciando seda.

Hundí mis dedos tan adentro como pude hasta que casi pude tocar su útero mientras ella se retorcía de placer y luchaba consigo misma para no gemir muy alto.

Lentamente, exploraba su interior provocando que su cuerpo se tensara cada vez más y supe que estaba cerca de tener un orgasmo.

Intenté retrasarlo cuanto pude bajando el ritmo de mis dedos en su interior pero sólo conseguí  ganar unos segundo por que mi hermanita se incorporó sobre uno de sus codos con la cara hacia atrás enrojecida mientras con la otra mano sujetaba mi muñeca tratando de frenarme. Cuando sus muslos comenzaron a tener leves espasmos trató de escapar de mí  instintivamente pero el orgasmo la sorprendió de imprevisto.

Sandra no se corrió con la misma intensidad que yo, pero si que noté como su interior se desbordaba entre mis dedos mientras aguantaba la respiración y una fina lágrima escapaba de sus ojos. Los músculos de sus muslos sufrían leves espasmos y su vientre se mantenía tenso mientras trataba de taponar su vagina con la palma de su mano.

Frotando su vientre con la mano húmeda y susurrándola al oído “shhh… Ya está cielo… Shhh respira… Respira…”, me llevó unos minutos traerla de vuelta de la nube a la que se había subido. Comenzó a respirar con una sonrisa satisfecha y con los ojos perdidos.

– Sonia… ¿Qué ha sido eso?… Ha… Ha sido… ¡Uuuff! –

– Jajaja. Pues que acabas de correrte como una loca Sandra. Jijiji – Ella se quedó unos segundos más sorprendida pero luego me robó un intenso beso.

– ¿Y a ti Quién te a enseñado a besar así? – Le pregunté sonriente. Nuestras manos acariciaban lentamente nuestros cuerpos sudorosos intentando recorrer cada ángulo y cada curva.

– Nadie… – Dijo encogiéndose de hombros algo avergonzada.

Abracé su cuerpecito desnudo durante un buen rato, intentando rechazar lo evidente pero finalmente reaccioné.

– Sandra, voy a tener que irme a mi cuarto… – Su rostro se ensombreció enseguida.

– No… ¡Porfi!. Quiero dormir contigo… Así como estamos. Quiero que esta noche sea perfecta… – Esta vez fui yo quien le robó otro beso. No me pareció demasiado descabellado quedarme a dormir siempre y cuando me fuese a mi cama antes de que se despertaran todos. Pero sabía que a ella le iba a costar despegarse de mí mucho más que yo de ella.

– Cariño escucha… No voy a decir que ha sido un error pero… Sigo pensando como antes. No podemos tener este tipo de relación. En el fondo lo sabes – Mi hermana agarró mis manos y las hizo prisioneras frente a su rostro suplicante.

– Pero podemos estar así, a escondidas… Sé que te a gustado hacerlo Sonia… –

– ¡Y me ha encantado!. Mucho más de lo que pensaba, la verdad… Pero no es eso… –

– Sonia, no puedo vivir sin ti. No quiero hacerlo… – De nuevo sus ojos se humedecieron.

– Escúchame… Soy tu hermana. No vas a perderme nunca porque te quiero más que a mi vida… y eso no va a cambiar. Pero es imposible que seamos una pareja – Como suponía, volvió a ponerse a llorar.

– Al menos has tenido una noche cielo… Confórmate con eso – Besé sus labios con pasión en lo que pretendía que fuese nuestro último beso. Luego me incorporé.

– Entonces quédate a dormir… Porfa Sonia… Mañana volvemos a ser hermanas si quieres y no vuelvo a hablarte del tema… Te lo prometo, ¡Te lo juro!. Porfa… déjame tenerte hoy para mí… – Sabía que sus promesas eran fruto de la desesperación y que le costaría cumplirlas y aunque no quería provocarla falsas esperanzas acabé cediendo enfadada conmigo misma porque su llanto y sus súplicas me conmovían con una facilidad pasmosa.

– Joder… Vale Sandra… Pero escúchame bien. Esta noche. Mañana antes de que se levanten todos me voy a mi cuarto y se acabó. Me da igual si te enfadas, si lloras o si suplicas. ¿Entendido? – Mi hermana asintió mientras se pegaba lo máximo posible a mí. Yo la abracé y apagamos la luz después de poner la alarma de su móvil a las 08:00. Durante bastantes minutos estuvimos en silencio acariciándonos y de vez en cuando le permitía besarme y acariciarme pero sin ir más lejos. Poco a poco el sueño fue venciéndola y acabó durmiéndose entre mis brazos con su cabeza en mi pecho.

Mi mente entonces sufrió un efecto similar a cuando vas en coche a gran velocidad y pisas a fondo el freno. Comencé a preguntarme si todo aquello había pasado de verdad, si era posible que hubiese tenido sexo con mi propia Hermana. Si realmente lo había disfrutado tanto… Pero el calor del cuerpo desnudo de Sandra me devolvió a la realidad. Sentirla estaba provocando que me relajase tanto que al final, En medio de un mar de preguntas me quedé dormida fantaseando que era Javi a quien abrazaba en la oscuridad.

Abrí los ojos perezosa y desorientada tratando de decidir si el ruido que me había despertado era real o un sueño. El brillo de la mañana me cegaba y traté de incorporarme, pero me di cuenta de que mi hermana dormía plácidamente abrazada a mi cuerpo con su cabeza apoyada en mi hombro dejando escapar un hilillo de saliva hacia mi axila.

Al ver nuestros cuerpos desnudos y entrelazados los recuerdos y emociones de la noche golpearon mi mente haciendo que mis sentidos se despejaran de golpe. De pronto sentía el calor de su cuerpo haciendo que mi piel sudara pero extrañamente me sentía relajada y descansada.

Por desgracia, cuando volvió a aparecer aquel sonido lo asocié inmediatamente a que mi madre llamaba insistentemente a la puerta.

Zarandee a Sandra para hacerla despertar y en dos segundos pegamos un salto de la cama para comenzar a vestirnos apresuradamente.

– ¡Ya vamos mamá! – Grité mientras me ponía el pantalón corto sin ropa interior. Encontré la camiseta holgada de Sandra y fui hacia la puerta ganando todo el tiempo que podía para ella que aún desnuda buscaba de rodillas bajo la cama su ropa interior sin mucho éxito.

Acabé abriendo cuando me di cuenta de que la situación podía parecer demasiado sospechosa y me quedé bloqueando la puerta. Por suerte Sandra ya se estaba poniendo mis braguitas y mi camiseta. Mi madre estaba plantada con el ceño fruncido y expresión seria frente a mí.

– ¿Se puede saber por qué tenéis el seguro echado? – Sandra se había tumbado en la cama para hacerse la dormida justo antes de que mi madre entrara casi atropellándome.

– Habrá sido sin querer mamá… Nos quedamos dormidas viendo una peli – Esperaba que la mentira colara por que no era la primera vez que una se quedaba dormida en el cuarto de la otra. Ella murmuró algo para sí misma mientras cogía prendas de ropa desperdigadas por todo el cuarto.

– Desde luego… Mira como tenéis el cuarto. Anda, despierta a Sandra y bajad a comer algo –

– Pero mamá si es sábado… – Dijo Sandra fingiendo desperezarse.

– ¿Y qué? ¿Las 13:38 no os parece buena hora? – Contestó molesta mi madre.

Yo me sobresalté y fui rápidamente junto al móvil de mi hermana para ver por que no había sonado la alarma pero no encontré nada raro.

– ¡Vamos! En pie las dos que hay muchas cosas que hacer en casa. Sonia, esa camiseta está del revés. Y tú Sandra más te vale que espabiles, quiero que esté todo recogido antes de que bajes a comer. Y ¡por dios! Ventila este cuarto que huele a rayos… – Mi madre se perdió por el pasillo murmurando y cargada de ropa mientras Sandra y yo nos miramos asustadas y avergonzadas.

Después de varios segundos mi hermana se acercó a mí quitándose la camiseta y mis braguitas ya que había encontrado las suyas. Yo me quité la que tenía puesta para devolvérsela pero cuando fui a cogerlas ella las escondió tras su espalda.

– Te las cambio por un beso – Dijo con actitud traviesa.

– Sandra NO. Me lo prometiste – Sabía que aquello sucedería.

– Porfi… El último… El de despedida… – “Que más da uno más” pensé queriendo acabar con aquello de una vez.

– El último Sandra. Ya no más – Apenas dije aquello ella se lanzó a besarme pero esta vez con una ternura asombrosa. Era increíble la facilidad con la que sus besos me enganchaban y hacían que me entregara a ella completamente. Nos besamos durante unos largos minutos completamente desconectadas del mundo pero sabía que aquello tenía que terminar.

Por desgracia, cuando conseguí separar a mi hermana de mis labios unos centímetros ambas nos quedamos mirándonos con una sensación triste. Quería seguir besándole los labios más tiempo. Sólo un poquito más. Acariciar su cuerpo desnudo y dejar que ella acariciara el mío nuevamente. Pero si quería acabar con aquella locura y que volviese a reinar el sentido común, debía ser allí y en ese momento donde le pusiera fin.

– Sonia… Te quie… – De pronto la mirada tierna de mi hermana se transformó en una mueca desencajada de Miedo y su cara se giró como un rayo en dirección a la puerta. La mía la siguió medio segundo después para descubrir aquello que la había sobrecogido tanto. Para mí era lo peor que podía ocurrir y no tardé en sentir como un escalofrío nacía en mi nuca y descendía por mi espalda y más abajo hasta llegar a mis pies.

Javi nos observaba desde la puerta con los ojos como platos y la boca entreabierta intentando asimilar lo que estaba viendo…

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