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Fálico deseo cumplido

 

Estábamos trabajando como cualquier día Viernes por la mañana, un grupo de 8 mujeres un tanto ociosas, la cosa estaba lenta y solo nos queda hablar de la demás gente… ¡¡¡Jajajjajaj !!!, Es un vicio divertido y no hacemos daño a nadie, solo nos pasábamos un buen rato comentando cosillas divertidas. Bueno nuestros temas abarcan diversos tópicos como; lo mal vestida que va nuestra Jefa, el mal aliento de el encargado de seguridad o de lo bueno que esta él Gerente de Finanzas, todos temas de importancia básica dentro de la empresa, obviamente.

En eso estábamos cuando por el pasillo se aparece el Jefe de Adquisiciones (Andrés es su nombre, aunque eso ahora da lo mismo), un tipo común y corriente de unos 35 años, piel Morena, pelo castaño, ojos café, mas bien Flaco, para nada mi tipo… aunque reconozco que mis ojos no podían escapar de su entrepierna, hacía ya mucho tiempo me había fijado en ese bulto que resaltaba perfectamente en sus pantalones color caqui, y debo confesar que me intrigaba. Cada que lo veía me preguntaba sí sería efecto del corte de sus pantalones o sí esa historia sobre los hombres delgados y grandes miembros sería verdadera.

Lujuria colectiva

Como no pude disimular mí lasciva mirada ante los ojos de mis compañeras, tuve que confesar mis lujuriosos pensamientos, lo que me sorprendió fue que todas lo habían pensado y como siempre hacíamos analizamos el tema, algunas con más imaginación o experiencia dijeron que seguramente era solo apariencia, mientras las otras votamos por el mito de las proporciones, al final después de muchas risas quedamos “en tono de broma”, que alguna debería averiguarlo y contarle la verdad a las demás (tras esas bromas había deseo real, de todas).

Pasó una semana desde esa conversación y no pude dejar de pensar y fantasear con ese pene exhibicionista, con los diferentes escenarios para averiguar qué tan cierto sería eso de su tamaño, cuál sería su forma, color, textura… Quería saberlo todo.

Ese mismo día por la tarde mi queridísima jefa me enganchó con un trabajo fuera de horario, el cual no quería hacer, pero al saber que estaba implicado el departamento de adquisiciones cambié de idea, ya que era seguro que el señor Miembro vistoso estaría presente en dicho alargue y así de una buena vez tendría la oportunidad de cumplir con mi objetivo.

La oportunidad entre mis manos

Todos se habían ido, solo quedábamos 5 personas en el edificio, dos eran de otro piso más abajo, Andrés, un Chico de contabilidad que ingresaría datos toda la noche y yo. El momento era perfecto, así que a eso de las 10 de la noche me fui a su oficina, antes de abrir la puerta me desabroche los 2 primeros botones de la blusa, casi como para que pareciera un accidente, acto seguido toqué a la puerta y entré. Andrés estaba en medio de una montaña de informes, pero al entrar yo, los dejo de lado y pregunto en qué me podía ayudar… era claro que en su oferta había cierta picardía, eso lo supe al momento que fijó su mirada en mi escote, el cual mostraba un pequeño atisbo del encaje de mi sostén.

Puse mi mejor cara de póker, me le acerque lentamente cual gata, me puse frente a él en el escritorio, me agaché con mi informe para mostrarle un par de cifras a modo de consulta. Todo muy inocente, con un gesto casual jugaba con la parte de atrás del bolígrafo entre mis labios, mientras a él le corría una pequeña gota de sudor por la sien… en ese momento sabía que iba por el camino que me había propuesto, así que decidí acercarme un poco mas y me puse a su diestra como buscando una mejor posición para atender a lo que me decía.

Entonces noté que intentó componerse en su silla como disimulando alguna cosa, miré directo a su considerable paquete y vi que eso era ya no era un simple bulto, más bien se asemejaba a una carpa bien instalada y no pude sino que esbozar una sonrisa satisfecha, sin más me acerqué a la puerta y di vuelta el pestillo, decidida a todo…

Yo – Creo que tendremos que poner una solución a tu pequeño gran problema.-

Andrés – Veo que puedes tener la solución en tus manos, o quizá en otro lugar.-

– No te preocupes soy una encantadora de serpientes muy hábil, así que no creo que el trabajo me quede grande, así sea una anaconda creo que lo podré solucionar.-

– ¿Ah, sí?… bueno si has provocado a esta bestia supongo que lo mínimo sea que la calmes y la vuelvas a dormir.-

Solo con este tonto juego de palabras entre los dos, comencé a sentir como me hervía la sangre y ese cosquilleo en mi vientre que solo se calmaría de una forma… no lo pensé mas y me fui sobre el cierre de su pantalón, decidida solté su cinturón, el botón y baje el cierre, casi como una niña desenvolviendo un regalo en navidad.

Para mi suerte él no usaba ropa interior, así que inmediatamente salió como disparado por la presión, un grande, moreno, venoso, recto y palpitante miembro masculino. Le corrían un par de gotas transparentes por la punta de la cabeza de forma y tamaño perfecta, gotas que hacían alarde de la excitación que le producía toda esta situación

Cabalgándo lo como una experta

Yo solo podía mirarlo, intentando averiguar cómo podría abordar esta titánica tarea. Comencé a tocarlo de arriba abajo intentando medirlo, puse sobre el mi mano extendida y era un poco más largo, ósea que media unos 23 cm, no era demasiado grueso pero si muy firme y parejo desde la base a la punta, lo metí a mi boca y lo saboreé como sí fuera mi helado favorito , estaba en éxtasis viendo como él solo se retorcía en su cómoda silla, pero no era posible que entrara por completo en mi boca, entonces me paré, arremangué mi falda hasta la cintura, me encaramé en su regazo, aparté con mi mano el fino hilo dental que escasamente cubría mi sexo y comencé a bajar sobre su falo.

Entró fácilmente, en ese instante no necesitaba mayor estimulo que la emoción y el morbo del momento me proporcionaban (el poder que tenía sobre él en ese preciso minuto), lo sentí invadiéndome por completo, él comenzó a besar mis senos, sacando mis pezones por el borde del encaje, mientras yo movía mis caderas de adelante a atrás sinuosamente, cabalgándolo como una  experta… -¡ah, ah, ah, aaaaahhhhhhhhhh!!!, ¡¡¡sssiiiii!!!.– Entre su cara de placer y  mi propio goce podía sentir cada fricción mucho más intensa, como con cada ondeante movimiento de mis caderas su miembro se estremecía dentro de mí, caliente, húmeda y palpitante. Tanto que podía sentir como mi propia excitación comenzaba a chorrear desde el interior hacía sus piernas. Cómo en el momento que ya no pudo contener sus espasmos, su eyaculación me llenó y se desbordó desde mi interior, fluyendo por mi sexo como lava tibia.

¡Dios!, juro que ha sido uno de los momentos más calientes de mi vida… Pero sin perder el impulso aún seguí el mismo ritmo casi castigador por unos minutos más, hasta que no quedó nada por saciar, el deseo fue totalmente extinto. Solo en ese momento me incorpore sobre mis pies, acomode mi ropa y enfilé hacia la puerta, salí mientras él intentaba recuperarse de mi asalto.

Al final salí de mi duda y disfrute de un par de orgasmos deliciosos, pero no volví a tratar el tema con él, aunque me ha insinuado varias veces que quiere repetir la experiencia, la verdad solo quería cumplir con  mi deseo y nada más… quizá saque de la ignorancia a alguna de mis compañeras, aun no lo decido.

Fálico deseo cumplido
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