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Mi marido me sacó la puta que llevaba dentro en un club liberal

Hola a todos, mi nombre es Mari, y os quiero contar mi primera experiencia en un club liberal.

Nunca imaginé que yo misma escribiría y compartiría con los lectores algo así, mis experiencias sexuales en un club liberal, pero la vida da muchas vueltas y lo estoy haciendo ahora mismo, esta historia de sexo es totalmente real y la protagonista soy yo.

Soy una mujer casada, tengo 41 años recién  cumplidos, 1.60 de estatura, castaña, con melenita, dicen que muy guapa y atractiva. En cuanto a mi cuerpo, tengo una talla 100 de tetas, con pezones oscuros, culo bien puesto redondito y coñito depilado. Mi marido Juan, 39 años, un hombre amable, afable, 1.70 de estatura, y una dotación media, guapo y muy juguetón en la cama y fantasioso. Somos una pareja del Levante español, donde el sol brilla la mayor parte del año, estuvimos 8 años de novios y ahora llevamos 5 años casados.

Yo siempre fui la típica chica atractiva, sexy, siempre he vestido muy sexy, vestidos escotados y cortitos, minifaldas de todo tipo y corpiños, blusas escotadas… en fin, siempre ha sido mi forma de vestir, no por llamar la atención, sino porque me veía bien conmigo misma.

Esa forma de vestir también me sirvió cuando no tenía pareja estable, para que no me faltara en ningún momento algún “amigo” para pasar un rato de una noche, pero siempre que no tenía pareja formal; y también para algún que otro quebradero de cabeza cuando sí tenía pareja formal, porque siempre había algún descuido, y sin querer se transparentaba a veces toda la tela del color de mi tanga, o del tamaño de mis pezones, cosas como agacharme a recoger algo de una estantería en un centro comercial, levantar la vista y darme cuenta de que hay varios tíos mirándome las tetas a través del escote, cuando pasaba eso mi marido se enfurecía y me decía que no vistiese tan provocativa, cosa a la que hice caso omiso, pues esa era mi forma de vestir y no podía ni quería cambiarla.

A los tres años de casados, una noche mientras mi marido me estaba follando a cuatro patas, justo cuando me estaba llegando el orgasmo, me dijo “córrete puta”, “toma polla” fue algo que no me esperaba, si no llega a ser porque me estaba corriendo le hubiese dado una bofetada en ese preciso instante, y aunque nunca lo admití esas palabras me hicieron tener uno de mis mejores orgasmos hasta ese momento. Terminamos el polvo y lo único que hice fue no decirle nada y acostarme de espaldas a él. Pasados unos días, echándome otro polvo, esta vez él encima de mí, justo cuando empezó a llenarme el coño con su leche, me dijo “toma polla y leche putón”, y fue cuando termino de correrse cuando le pregunté:”Cariño, por qué me dices puta?”, mi marido entonces me dijo que había adquirido un Dvd porno, que había una escena en la que a la protagonista, se la follaban muchos hombres con el consentimiento del marido, y que la puta de la escena se traía un aire a mí, que su cuerpo, pelo, forma de vestir, etc. coincidían conmigo, y que cuando estaba viendo la escena, se imaginó que era yo la protagonista y, lejos de darle celos como hasta ahora había pasado con mi forma de vestir, le había dado tanto morbo que hasta compró el Dvd al ir a devolverlo al video club. Me dijo de ver el Dvd puesto que los dos, de vez en cuando, veíamos porno durante nuestras relaciones. Cuando lo vimos, me preguntó “qué tal la escena?” y yo le respondí “está muy bien, la protagonista debió pasarlo en grande con tanta polla y los tíos con ella. Está muy bien como fantasía, pero cariño, yo me visto sexy pero nunca he sido una puta, ni lo soy, otra cosa es que tengas esa fantasía”.

Después de ver la escena, yo nunca le dije a mi marido que mi mente rechazaba que una mujer casada pudiese follar a saco con otros hombres, pero que verdaderamente, mi coño se mojó mucho y hasta cuando él no estaba en casa yo misma me ponía el Dvd y me hacia dedos imaginando que era yo esa puta, por lo cual dejé que mi marido cuando me follaba me dijera, “puta, Come Pollas, Guarra”, y toda serie de adjetivos de ese tipo, hasta que hace ahora casi un año, comenzó a proponerme visitar algún club liberal. Yo le decía siempre que no, que no era en realidad ninguna Puta, que se quedara la cosa en eso: una fantasía más. Sin embargo, mi mente decía no, pero mi coño palpitaba con la idea, hasta que llegó el mes de mayo y comenzamos la temporada playera. Mi marido insistía en ir y yo que no, entonces me propuso ir a playas naturistas; también empecé a decir que no, pero mi marido me dijo” Mari, no pasa nada por ir a playas nudistas, allí todo el mundo va desnudo, y creo que no es mucho pedir, puesto que ya desde novios, cientos de hombres te han visto las tetas, maridos de tus amigas y amigos en casa, y hasta algunos por no decir muchos te han visto hasta los labios del coño y el tanga metido en tu raja”. No tuve escapatoria, pues era cierto que había muchos descuidos y por mi forma de vestir, era casi imposible que los hombres en un momento u otro consiguieran verlo todo y tuve que aceptar ir a playas nudistas.

Mi marido me llevó a una playa nudista de Almería, “Vera playa”. Dicen que es la mejor o de las mejores de Europa, tiene urbanización nudista, hotel nudista, comercios, etc. Eran principios de junio más o menos, y allí estaba yo entre cientos de personas, totalmente desnuda tomando el sol, había chicos que  pasaban desnudos y me miraban, notaba cómo me miraban las tetas, y bajaban su mirada y veían mi coño, que aunque yo no quisiese ahí lo tenía y por cierto muy mojado y no por el agua del mar. Yo, sin ser para nada descarada y muy disimuladamente, no podía evitar también mirar ese desfile de pollas que pasaban muy cerca de mí. Intentaba evitar sobre todo que mi marido se diese cuenta de que me excitaba viendo tanto hombre desnudo y que me excitaba pensar que me estaban viendo las tetas y el coño.

No dudó mi marido, antes de irnos a casa de nuevo, en decirme que en la urbanización nudista junto al hotel había un par de locales liberales y ya que estábamos allí podíamos quedarnos e ir a alguno, para ver cómo era un sito de ese tipo por dentro y que se cuece allí. Otra vez le dije que “no”. Fuimos varias veces más a esa playa de vera, y siempre al terminar el día me lo volvía a proponer y yo que “no”.

Fue a la tercera o cuarta vez, que se pusieron dos tíos muy cerca de nosotros, echaron sus toallas y clavaron su sombrilla, como mucho a dos metros de donde estábamos mi marido y yo en nuestras toallas y sombrilla. Los tíos no estaban nada mal: buen cuerpo, fuertes y por qué no decirlo, tenían buenos pollones los dos, y no dejaron de mirarme y observarme en todo el día, pero a mí lo que más me puso fue cuando Juan, mi marido, comenzó a darme bronceador por todo mi cuerpo, y me sobaba las tetas. Fue en ese momento cuando mirándolos a ellos me di cuenta de que, aunque no miraban directamente, sí que se les pusieron las pollas duras… ufff menudo calentón me llevé. Mi marido sobándome el cuerpo tetas, muslos , culo… y los tíos de al lado mirando y poniéndose con los pollones duros. Mi coño echaba chispas, de no ser porque siempre le decía “no” a mi marido les hubiese pedido que se unieran a darme bronceador ellos dos también, ufff!

Todo el día caliente como una obsesa y sin decir nada a mi marido. Al terminar el día, mi marido me volvió a proponer ir al club liberal y esta vez, sería por mi cachondez, le respondí: “Vale, vamos a ir, para ver cómo es, pero que conste que si he de follar solo lo haré contigo, aunque nos vean, pero solo contigo”, ya que en cierta forma, me daba un poco igual que me viesen desnuda otros hombres y verlos desnudos yo a ellos, de hecho en la playa era así todo el día, lo único desde mi punto de vista es que si mi marido me echaba un polvo o dos en el local podríamos ser vistos, y mi marido aceptó la condición.

Nos duchamos en la playa y nos fuimos a cambiarnos en el coche. Yo siempre llevo un par de vestidos, botas, tangas, maquillaje, etc. por si después de un día de playa nos apetece ir a cenar a algún restaurante o salir por alguna zona de copas. Me puse un vestido rosa, que me llegaba hasta medio muslo y un buen escote de tela muy finita para el verano -en mi muro podéis verme con él puesto-; me maquillé y nos fuimos a cenar.

De postre, unas buenas pollas en el club liberal

Terminada la cena a las 11 de la noche más o menos, fuimos al club liberal. Entramos y nos enseñaron el local. Nos explicaron las normas, y por último nos dijeron que era el día del trío, y que los hombres tenían acceso ese día por todo el local excepto una pequeña zona en la parte de arriba reservada a parejas, donde se hacía intercambio o sexo en grupo bi y cosas así. Para mí, la situación era un poco comprometida: no estaba mal, pero si subíamos a la zona de parejas, o bien nos propondrían intercambio, o sexo en grupo, y para nada me atraía la idea de un intercambio o de estar con mujeres, porque no soy bisexual, ni nunca había entrado en mis ideas un intercambio; y por otro lado, si nos quedábamos en el resto del local serían los hombres los que intentarían ir a por mí. Pero bueno, la única baza que me quedaba era si alguno quería, utilizar la norma “un no es un no”.

Comenzamos a tomarnos la primera copa y todos los hombres, cuatro que había en ese momento, no dejaban de mirarme ya que aún era temprano y solo estaban ellos 4 y otra pareja en los 50 y pico. Dos de ellos ya desnudos, con una simple toalla que dejaban abrirse para que yo pudiese ver sus pollas; además de sonrisas y algún que otro guiño de ojos, ufff no podía evitar mojar el pequeño tanguita que llevaba. Mientras, fue llegando más gente, alguna parejita y varios hombres… fue entonces cuando le dije a mi marido que si me quería follar que lo hiciese ya, que estaban entrando demasiados hombres y lo mismo luego me daría corte. Inmediatamente me llevó a la zona del laberinto y nos metimos en un rinconcito, aparentemente de los más escondidos. No tardó mi marido en quitarme el vestido y el tanga y dejarme totalmente desnuda. Notó mi calentura, mi coño estaba como si estuviese recién follada. No me dijo nada, solo me sonrió y comenzó a comerme el coño, luego cambiamos y le comí la polla, hasta que comencé a cabalgar sobre su polla durísima. Noté que mi marido me daba con más fuerza y, al mirar cómo lo hacía, vi por detrás de mi espalda que había varios hombres mirando cómo mi marido me follaba, frotándose las pollas y esperando que, o mi marido o yo, les dijéramos que entraran en el juego. Mi marido Juan se debió dar cuenta de que, al verlo, me corrí intentando no gemir. Intentando disimular que me ponía cachonda esa situación, me cogió y me puso a cuatro patas para follarme desde atrás, y esta vez mi cara daba a la entrada del rincón, por lo que no podía evitar ver todo el tiempo cómo se la meneaban todos mirándome con deseo, hasta que me di cuenta de que dos de ellos eran ni más ni menos que los hombres que habíamos tenido por vecinos de toalla durante todo el día en la playa. Me volví a correr, esta vez no pude aguantar algunos gemidos, y mi marido se corrió llenándome el coño de leche como nunca lo había hecho. Eso sí, se corrió muy pronto para lo habitual en él. Salimos del rincón y solo nos dejaban un poco de hueco, los tíos querían rozarse con mi cuerpo desnudo y alguno que otro me rozó con su polla. Entonces fue cuando le dije a mi marido que necesitaba una ducha y retocarme el maquillaje.  Me fui para la ducha unisex, y me encontré con los dos tíos de la playa, que me salieron al paso.

-Hola guapa!! Nos reconoces? hemos estado todo el día al lado en la playa -dijo uno de ellos.

-Sí es verdad, jejej, sois nuestros vecinos de toalla. Sí os he reconocido, -dije yo.

Se presentaron, uno Pedro y el otro Armando, no dudaron en darme dos besos de saludo y al acercarse aprovecharon para cogiéndome de la cintura, atraerme hacia ellos y aplastar mis tetas contra sus pechos, a la vez que sus pollones duros como diamantes me rozaban a la altura de mi mojadísimo coño.

-Nos hemos quedado reventando por unirnos a tu marido y darte crema solar hoy en la playa, nos tenías todo el día empalmados. Tienes unas tetas maravillosas y un culo que nos tiene locos, -dijo Armando.

-Nosotros también vamos a darnos una ducha, podríamos ducharnos contigo y darte gel de ducha, si tú lo deseas, -añadió Pedro.

Mi respiración se entrecortaba, mi coño prácticamente se estaba corriendo, y las piernas, por no decir todo mi cuerpo, me temblaban, quería decir que no, pero no podía y dije “sí”.

Nos metimos los tres en la ducha, cogieron en sus manos un poco de gel cada uno y en segundos estaban esas cuatro manos sobándome las tetas, pellizcándome mis duros pezones, sus manos bajaron hasta mi culo y de ahí hasta mi coño; quería cerrar las piernas para que no pudiesen llegar a mi clítoris, pero no podía, estaba como sin fuerzas, como poseída, no paraban de restregar sus pollones por mi cuerpo, comenzaron a besarme la boca y no pude rechazar sus lenguas, hasta que Armando me cogió una mano, la llevó a su polla… menudo pollón tenía en mi mano, solo había visto pollas así en las películas xxx:  grande, de al menos 20 cm, gruesa y muy venosa, y unos huevazos gordos y duros también. Comencé a pajear ese pollón de Armando, y él no tardó en comenzar a comerme uno de mis pezones, subió un momento poco a poco hasta mi oído sin parar de utilizar su lengua, y me dijo “cógele la polla también a Pedro, te va a gustar”. Mi mano fue creo que sola, la agarré y… uffff, también un pollón gordo y enorme, como una piedra. Enseguida Pedro se adueñó de la teta y el pezón que me quedaba libre, mientras que cada mano que le quedaba libre a cada uno de ellos dos no paraba de sobarme el culo, darme palmetadas en él y escudriñar mi coño metiéndome, uno, dos y hasta tres o cuatro dedos. Ahí estaba yo, Mari, la que se negaba a ser una Puta, siendo una verdadera Puta con dos desconocidos y, además, sin poder parar, deseándolo con todas mis fuerzas.

Al poco de estar así, Armando, que era el que prácticamente en todo momento llevaba la iniciativa, comenzó a empujarme hacia abajo, poniéndome de rodillas, y los dos comenzaron a darme pollazos en mis tetas y pezones. Mi cachondez era extrema, no era dueña de mí, era dueña de esos dos pollones, y Armando y Pedro lo sabían. De las tetas comenzaron a darme con sus pollones en la cara, no sin intentar, y consiguiéndolo, darme en mis labios. No pude más y cuando me dio tres o cuatro pollazos en los labios, abrí mi boca y me metió el pollón lo más que pudo.

-Mari, chúpame bien la polla, así, así traga, qué buena mamona eres! -dijo Armando.

-Mari cómeme la polla a mi también disfruta de nuestros pollones, pedazo de mamona, -dijo Pedro.

Poseída como estaba, perdí la noción del tiempo. Sé que pasaba gente a la ducha a nuestro lado, y sé que algunos me sobaban, pero no podía parar, se escuchaban comentarios, “que buena que está”, “me encantan sus tetas”, “le reventaba el culo a esa puta”, “folladla ya que su coño lo pide a gritos” y lo mejor de todo es que era verdad, quería que me follasen, lo deseaba, lo necesitaba, y allí de rodillas comiéndoles las pollas a los dos y sus huevazos, yo misma les dije, “folladme por favor”.

Fue Armando, como de costumbre, quien me cogió, me levantó, y me dijo “ponte con el culo en pompa para que te meta la polla desde atrás, y di >>me gustan mucho vuestros pollones, quiero que me folléis>>, y di también >>quiero ser vuestra Puta esta noche>>”.

No pude evitar decirlo, consciente de que había mucho público, pero lo dije y no pude evitarlo. Armando se puso tras de mí y Pedro delante. Mis manos se sujetaban en las piernas de Pedro y él aprovechaba para darme a mamar su pollón, hasta que comencé a notar la cabeza del pollón de Armando abriéndose paso por el agujerito de mi chorreante, dilatado y babeante coño. Una vez bien encañonada, con un solo y enérgico empujón, me la clavo entera hasta dar fuertemente sus huevos en mi clítoris. No sentí ningún dolor a razón de la situación de mi coño; vi las estrellas de placer y me corrí al primer pollazo que me dio.

-Ahhhhhh! Meeee corrooooooo, ayyyy! qué gusto! sigue, sigue no pares, por favor! -exclamaba yo.

-¿Quieres que te follemos bien follada, pedazo de Puta? Toma pollón, Zorra.

-Sííí, folladme los dos. Pedro, quiero que me folles tú también, ahora te toca a ti, quiero sentir tu polla dentro de mi coño también! -Exclamé con el deseo de probar el pollón de Pedro en mi coño. Inmediatamente se cambiaron de posición, y fue Pedro esta vez quien me perforó el coño hasta el fondo. Yo no podía parar de gemir y correrme, mientras que notaba que muchos de los espectadores me sobaban mis tetas colgantes y me pellizcaban y acariciaban los pezones. Realmente no sé la cantidad de hombres que me tocaron todo y acariciaron, pero sé que fueron muchos.

Hasta que Armando me volvió a coger y me puso de rodillas, los dos se pusieron delante de mí dándome pollazos en la boca y en la cara, diciéndome “come pollas, nena, haz que nos corramos y saborea nuestra leche como una buena Puta”, mientras notaba cómo varios de los mirones me sobaban las tetas desde atrás y otros me daban algún que otro azote en el culo, hasta alguno llegó a meterme dedos en el coño… de esa forma no podía parar de correrme, era como un orgasmo sin fin, hasta que casi a la vez tanto Armando como Pedro comenzaron a jadear broncamente, y diciendo “traga leche guarra, puta, cerda!” me llenaron la boca con su caliente leche, desbordándose y cayendo por mi barbilla hasta empaparme a chorretones las tetas. Nunca había tragado leche, a no ser por accidente, y esta vez tragué toda la que pude, hasta alguien comenzó con uno de sus dedos a recoger la sobrante de mi cara y mis tetas y ponérmela en los labios, que yo absorbía y bebía.

Cuando comencé a salir del éxtasis fue cuando me di cuenta de que el que me llevaba con el dedo la leche a mi boca era Juan, mi marido, que por lo visto había estado presente todo el tiempo, y yo sin darme cuenta, no sabiendo qué decirle, le dije que si quería correrse él también, y me dijo “no mi amor, en todo este rato me he corrido 4 veces y estoy seco, pero mañana me voy a tirar todo el día follándote”.

A partir de ese día me liberé al máximo y somos asiduos a clubs liberales. En otro relato porno real de mis experiencias sexuales contaré más experiencias de sexo. Este relato es totalmente tal y como pasó, como me convertí en una puta en un club liberal, lo único que he cambiado son los nombres de Armando y Pedro, por su intimidad.

Espero que os guste y os produzca buenas erecciones, besos húmedos a todos y hasta pronto.

MARI.

Mi marido me sacó la puta que llevaba dentro en un club liberal
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5 thoughts on “Mi marido me sacó la puta que llevaba dentro en un club liberal”

  1. ufff Mari todo una experiencia que a cualquiera le hace calentarse la entrepierna y mojarse. Me gustó que te liberases y follaras como siempre habías deseado. A mi también me hubiera gustado estar en la ducha contigo y haberte dado de beber mi licor……..

  2. Me ha encantado, de verdad. Me ha puesto mucho.
    Toda una mujer, que disfruta cuando complace y es complacida. Me encanta el uso de vocabulario que haces, muy sonoro para que resulte super picante. Palabras malhabladas y actitud abierta, qué gran combinación…
    Una persona tiene que aceptar lo que se es y lo que le gusta.

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