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Contratar scort: La Cortesana

Para Malika
Caminó despacio por la recepción hasta la salida, dándose el tiempo para despedirse tanto del gerente del hotel como del portero que estaba en turno.
— Nos vemos, Jorge—dijo con voz suave y aterciopelada.
— Hasta luego, Señorita —le contesto mientras le abría la puerta y hacia un gesto de despedida con la cabeza— Que tenga un buen día.
— Gracias—. Sonrió y continuó su camino, sabiendo que Martin no dejaría de verla hasta que se perdiera entre la gente. Continuó sonriendo, pues disfrutaba de aquella sensación que podía provocar, y que la excitaba tanto como el estar una noche con cualquiera de sus amantes.
Fue hasta el estacionamiento donde ya la esperaba David, su asistente, frente al coche —un Mercedes-Bentz CLS blanco— listo para recogerla. Él abrió la puerta trasera del coche. Mientras ella se acomodaba, David fue al asiento de conductor para sacar de la guantera una agenda y un teléfono.
—El licenciado Román llamó hace unos minutos para cancelar. Dijo que va a tener una audiencia y no podrá estar con usted en la tarde.
— ¿De verdad?—preguntó, suspirando un poco decepcionada—. Lástima, ¿y no ha llamado nadie más?
— Un número nuevo—respondió entregándole el teléfono.
Lo tomó, y mientras David encendía el motor del Mercedes para salir del estacionamiento, se ocupó de enviarle un mensaje a aquel número desconocido para informarle de que podía atenderlo. Si llamaba alguien que no estuviera en sus contactos él no debía responder, sólo le daba el recado y ella se encargaba del resto. Pero el teléfono no volvió a sonar en todo el trayecto y aún tenía un día muy ocupado, así que no podía detenerse a esperar.
—Bueno, debo bañarme y cambiarme para la una. ¿Qué te parece si antes pasamos a almorzar algo?
— Me encanta esa idea, Señorita— respondió David mientras conducía hacia Insurgentes.
***
Una vez terminado el almuerzo y después de una ducha caliente, se dirigió a su cita.
Era un cliente nuevo, y por lo nerviosa que sonaba su voz cuando le contestó para darle información, seguramente se trataba un muchacho primerizo en eso de contratar scort. No le gustaba tratar con ellos, debido principalmente a su falta de experiencia y a que, sin importar cuánto tratara de ayudarlos, muchos siempre terminaban apresurando las cosas, dejándola con un mal sabor de boca y una sensación de insatisfacción que podía durar varias horas; pero como en todo negocio, el cliente siempre era lo primero, quedaron en verse a las tres en punto en un hotel de la Condesa.
David, como siempre, la esperaría en el estacionamiento. Ella fue hasta la habitación, con la confianza de quien va a ver a un viejo amigo para platicar. Se paró frente la puerta y tocó tres veces.

Tal y como supuso, se trataba de un muchacho de no más de dieciocho años, de cabello castaño y alborotado, que le sonrió tímidamente. Al verlo, también le sonrió y lo saludó con un suave beso en la mejilla.
— ¿Qué tal, corazón? —lo saludó.
— Hola —le dijo apartándose un poco para dejarla pasar.
Ella se quitó el abrigo de lana gris y lo colgó en una percha, se paró frente a él, dejando que la viera con el vestido azul de seda que trajo para él.
— ¡Guau! Te ves muy hermosa —le dijo el muchacho con cierta timidez.
— Muchas gracias. ¿Pero no quieres acercarte para verme mejor? Te aseguro que no muerdo.
Caminó despacio y colocó sus brazos alrededor de sus hombros; mientras que él, con cautela la tomó de la cintura y cerró los ojos para percibir mejor el aroma de su perfume. Ella se acercó y lo besó despacio, separándose de sus labios casi al instante. El chico imitó la acción. Los dos continuaron, permitiendo que poco a poco la pasión y la lujuria fueran en aumento, mientras comenzaban a deshacerse de todo lo que estorbaba en el camino de sus manos y sus labios con la piel, lo guió y con cuidado hizo que la recostara sobre la cama. Él acerco sus labios y fue besando su cuello, mientras que con sus manos comenzaba a acariciar los su sexo. Ella comenzó a sentirse que la humedad empezaba a brotar de su interior.
— ¡Sigue así, papi! —le decía con una voz entrecortada— ¡No te detengas!
Ella lo besó con pasión, sentía cómo los dedos del muchacho se introducían en su interior, provocando que ella liberara gemidos cada vez más fuertes y profundos. Estaba sorprendida por la habilidad y lo estaba disfrutando intensamente, haciendo que se llevara las manos a sus pechos para estimularlos, mientras el acercara su lengua a su clítoris y comenzara a lamerlo. Pronto el muchacho fue aumentando el ritmo de sus movimientos, provocando que ella liberara su primer orgasmo, apretándose los pechos y soltando un grito agudo lleno de placer.
— ¿Te gusto? —preguntó aún con timidez.
— Muchísimo, papi —respondió jadeante—. Ven, acércate más.
El muchacho se colocó encima de ella. Con cuidado tomó su rostro y lo besó con mucha intensidad.
—Ahora me toca a mí.
Lo volteó sobre la cama y comenzó a besar su pecho descendiendo poco a poco, buscando su miembro. Antes de comenzar este ya estaba bastante firme y ella no pudo evitar relamerse al verlo, pero temía que pudiera correrse muy deprisa, así que para evitarlo comenzó despacio. Empezó de abajo hacia arriba usando su lengua, sintiendo cómo con cada lamida las venas palpitantes levantaban aquel miembro joven y lo ponían cada vez más duro. Una vez entrado en ritmo ella abrió sus labios y de un solo bocado comenzó a chuparlo con un deseo incontrolable. Casi podía sentir la mirada del chico mientras este se acercaba para acariciar su cabello y sus hombros.
— ¡Dios mío! Eres increíble.
— ¿Te gusta corazón?
— Muchísimo.
Ella le sonrió agradecida y volvió a chupársela, esta vez un poco más rápido estimulando despacio la cabeza con la punta de su lengua. El muchacho, sin poder evitarlo, soltó un pequeño chorro de esperma dentro de su boca, pero se contuvo con fuerza para no terminar en ese instante. Ella sacó su boca saboreando aquella probada de semen y se acercó a él para besarlo. Estaba fascinada con él y no aguantaba más para sentirlo entre sus piernas. De su bolso sacó un condón y lo colocó sensualmente con su boca sobre el pene del chico. Luego se recostó sobre la cama, abriendo las piernas y dejándolo ver su sexo completamente empapado de mieles.
— Hazme lo que quieras. Soy tu puta, papi.
El con cuidado se colocó justo encima de ella. Estaba tan ansiosa que cuando recibió aquella no pudo evitar soltar un quejido de placer. El muchacho se movía de adelante hacia atrás con una fuerza que la dejaba anonadada. En ese momento la puta que había dentro de ella había tomado el control total. Podía sentir la firmeza de la hombría del muchacho y la quería solo para ella, así que lo abrazó con sus piernas para que no se soltara, mientras él seguía empujando hasta el fondo de su interior.
— Así, papi…así—le repetía entre jadeos y gemidos—, no te detengas. Dame más.
Ella comenzaba a gemir con más intensidad y de su rostro salieron unas cuantas lágrimas de placer. Fue en aquel momento cuando llegó su segundo orgasmo. Ella lo abrazó fuerte con sus piernas y lo besó con lujuria dejando que sus lenguas se entrelazaran en un frenesí de placer sexual que llenaba toda la habitación. Con cuidado hizo que se volteara y se montó sobre de él, moviendo sus caderas y gritando de placer. El muchacho, al sentirla, no paraba de jadear ni de moverse con intensidad acariciando sus pechos y succionándolos como si fuera un bebé hambriento.
Ella no dejaba de moverse y pronto vio que él no tardaría mucho antes de correrse.
— Ya no aguanto, —dijo entrecortado—. Me voy venir.
— Adelante, papi. Córrete rico dentro de mí.
— No. Chúpamela, por favor. Quiero que te la comas todita.
Ella sonrío, pues eso era lo que quería. Se acercó a su miembro y después de quitarle el condón se la trago de un solo bocado chupándolo una y otra vez hasta que de la punta salió un largo chorro de esperma que ella exprimió hasta la última gota.
Luego de ello se recostó a lado del muchacho y lo besó lentamente para que también probara el sabor de su hombría.
***
Después de una hora, ella volvió a su auto, andando alegre y sin prisas.
— Hora de irnos.
— A la orden— contesto David mientras tomaba su sitio al frente del volante y le regresaba una vez más sus cosas.
— ¿Sabes una cosa? para haber sido nuevo, el chico resultó ser alguien muy intenso.
— ¿De verdad?—preguntó algo sorprendido— ¿Lo hizo bien?
Ella hizo una ligera mueca.
— Pues…más o menos, al principio estaba algo asustado, pero luego se fue soltando e hizo lo posible para seguir el ritmo. A decir verdad, me recordó mucho a ti las primeras veces.
Su asistente se sonrojó al escucharla y al tratar de disimularlo no pudo evitar soltar una ligera risa. Ella también sonrió para sí misma. En su mente pensó que ese muchachito se podría convertir en su próximo proyecto personal, y si volvía a llamarla estaría más que dispuesta a enseñarle algunas cosas, tanto para su placer y como de ella. Pero esos planes habría que dejarlos para otro momento, porque aún tenía muchas cosas por hacer. Abrió nuevamente su agenda.
— David, esta noche si quieres puedes irte temprano. Martin Herrera mandará a su chófer por mí. Pero te espero afuera del Ritz a las nueve en punto.
— No hay problema, Señorita.
Ella se relajó en el asiento de cuero y cerró los ojos un momento, pero antes de poder ponerse más cómoda, su teléfono comenzó a sonar. Estiró la mano para alcanzarlo y vio que se trataba de un número nuevo. Oprimió el botón para contestar y con una voz más dulce y sensual se dedicó a atender la llamada.

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