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Cogiendo con Sick Boy en la primera cita

Nunca he sido de las mujeres que conocen a hombres por Internet y mucho menos, de las que se atreven a salir con ellos o andar cogiendo con ellos. Pero esta vez, fue diferente.

Él me atrajo por su singular físico; parecían miles de imágenes e historias plasmadas en ese tono pálido de su piel, casi blanco, en todo su cuerpo. La forma delineada tan perfecta de su boca, con su labio inferior más grueso que el superior. Eso siempre me ha excitado.  La verdad es que tan solo sus fotos, me hacían desearlo y quererlo conocer en persona a la brevedad.

Nos escribimos durante semanas. No quería que viera mi lado tan perverso y sucio que moría por ser explotado por él, tan rápido. Quería que me deseara tanto como yo a él hasta el día que finalmente nos conociéramos.  Y así fue.

El día que quedamos en vernos, desperté muy temprano. La verdad es que no pude dormir casi esa noche. Me había desvelado viendo mi pagina de porno favorita, irónicamente una que él me había recomendado. Me había logrado quedar dormida  después de haberme tocado y acariciado mis partes más intimas por un largo rato.  Como resultado, había despertado cansada, húmeda y con todo mi calzoncito mojado pues en mis sueños no deje de imaginarme todo lo que quería hacerle y sobre todo, permitirle que me hiciera ese día.

Se acercaba la hora de su llegada; habíamos quedado de vernos en mi casa. Me puse un vestido escotado, obscuro como mí ser. Decidí no usar bra, tengo tetas grandes, y quise que él las notase desde que me viera. Suena mi celular, ha llegado. Todo mi cuerpo comenzó a sudar desde que empecé a caminar ese largo pasillo para irle a abrir la puerta, abrirle mis piernas, abrirle mi ser…

Nos  vimos. Es más guapo de lo que vi de él en sus fotos. Pensé. Nos saludamos, y de inmediato pasamos a mi departamento. Nos sentamos en la sala a platicar vagamente de temas banales. Ambos solo teníamos algo en la mente. Estábamos nerviosos, pude notarlo en el también. Así como también note como me veía las piernas, esperando las abriera y dejara ver y empezar aquel encuentro que ambos deseábamos desde hace semanas…

Mis nervios me comían. No sabía cómo empezar a besar todo su hermoso cuerpo tatuado sin qué pensará lo peor de mí; cuando caí en cuenta de que, eso quería él. Y yo quería eso, complacerlo.  Así que lo pasé a mi habitación, y sin pensar nada mas, lo besé por unos minutos. Es alto, eso me gusta, su reacción a mis besos fue la mejor. Apreté su cuerpo contra el mío. Como si quisiera que siéntese las contracciones que mi pelvis emanaban hacia él y hacia su miembro que pude sentir ya estaba casi erecto en su totalidad tan juntito de mí después de esos besos.

Nos besamos mucho tiempo, o al menos eso sentí. Besa rico. De esa manera en la que hace que una se moje de manera instantánea. Nos recostamos en la cama y empezamos a retozar cuales alumnos de secundaria calientes y lujuriosos descubriendo su sexualidad. Me empezó a tocar y besar mis tetas. Sabía que se volvería loco. Previamente nos habíamos escrito muy cachondo y enviado fotos de nosotros, de nuestros cuerpos… pero definitivamente el cuerpo con cuerpo no tiene comparación.

Me senté en la orilla de mi cama. Lo pare enfrente de mí a la altura ideal de mi boca.  Bajé sus pantalones; Moría por ver su miembro erecto cerca de mí. Tocarlo, acariciarlo, besarlo, chuparlo… Sentí cómo su cuerpo se contrajo al sacarlo de su pants, al sentirlo entre mis manos tibias. De inmediato lo llevé a mi boca, como niña deseosa por saborear su suculenta paleta. Al instante en que la punta de mi lengua, toda húmeda y caliente toco la punta de su miembro él se estremeció cual primera vez lamieran ansiosamente su miembro así, como con hambre, y así estaba yo, hambrienta de él.

Comencé a dar ritmo de vaivén con mi boca al mismo tiempo que mi mano derecha subía y bajaba lentamente a lo largo de su verga. Lo empecé a escuchar gemir y a insultar al aire. Como si tuviese una culpa por sentir tan rico, y a mí, me excitaba eso.

Dirijo mi mirada hacia él, me agarra las tetas. Ambos sabíamos lo que queríamos. Algo que solo una mujer con tetas grandes puede ofrecer a un hombre. Algo de lo que ya habíamos hablado. Quería poner su verga súper parada entre mis tetas.

-¿Quieres una rusa?

-Ajá…

Me gusta que me lo pidan. Inmediatamente dejé caer saliva entre mis suculentas tetas para que su miembro resbalara entre ellas, masturbándolo deliciosamente con mis senos. Le encantó! Y a mí me fascinó verle su cara de placer… estábamos muy excitados ambos.

Me recostó, y me quitó las bragas despacio sin dejar de tocar mis piernas en ningún momento. Me vio a los ojos insinuándome lo delicioso que estaba yo por sentir. Solo lo vi desaparecer frente a mí, entre mis piernas… Comenzó un poco rápido, pero no me importó. Su brusco inicio me excitó al imaginar su desesperación que tenía por comerme desde hace tiempo… por saborearme cual animal no hubiera comido en mucho tiempo. Me gustó cómo metía su lengua dentro de mi vulva, simulando su pene, el cual sabía estaba muy erecto  goteando de placer por mí, por metérmela ya.

Me comía muy rico debo admitir; no quería que se fuera de ahí nunca. Fueron unos minutos tan cortos, hasta que subió hasta mi boca para besarme donde apenas y tocó mi lengua para hacerme probar mi propio jugo…

-Sabes muy rico-. Expresó mirándome a los ojos.

Sonrío.

He de confesar que me sonroja cuando me dicen eso, porque sí,  no es la primera vez que me lo dicen. Se ha vuelto un halago para mí que no deja de sonrojarme. Y viniendo de él, me excitó mucho más.

-Ven. –Exclamó.

Se recostó en la cama y me insinuó acomodarme en sesenta y nueve. No lo dudé para nada. Aunque me es difícil concentrarme, pues mientras siento muy rico sus lamidas, no quiero dejar de darle el placer que merece.  Pero me relajé. Sentía tan rico que me excitaba para chupársela más y más rápido.

Nos detuvimos y me recostó en la cama, frente a mí, separando con sus manos mis piernas. No quería que me penetrase tan rápido, quería mas juego! Y como si hubiera leído mi mente, se dispuso a cercar su deliciosa y fina boca y besar y lamer mis muslos… hasta llegar a mi entrepierna y detenerse justo enfrente de mi chochito para oler detenidamente cada aroma que yo desprendía de tanta excitación que sentía en esos momentos.

Volvimos a besarnos intensa y locamente hasta que se fue acomodando poco a poco en medio de mis piernas.

-Quiero que me la metas.

-Ya?  La quieres ya?

-Sí. Toda. Ya.

Tomé su verga con mi mano para dirigirla hacia mi coño. Le gustó mi iniciativa. Ahí, tan cerca, poco a poco me la fui metiendo todita. Hasta desaparecer dentro de mí. Mi gemido de placer tan cerca de él lo contrajo hacia mí, embistiéndome con toda su fuerza; hasta sentir sus bolas golpearme las nalgas.

Estaba pasando. Me estaba cogiendo delicioso ese hombre que solo leí excitada tantos días. Tenía un rostro, un cuerpo perfecto y una verga tan rica que ahora tenía dentro de mí una y otra vez… Continuamos con un ritmo bastante rico incitándonos a pedir cada vez más y más hasta que cambiamos de posición. Una de mis favoritas: estilo perrito.

Sick Boy (Así lo llamaremos) Me volteó sutilmente, me empine para ponerle mi culo a su completa disposición, separó mis nalgas con sus grandes manos y me metió su verga de un soplo. Yo tan mojada, sentí cómo todo mi coño se estremeció de placer, seguido por gemidos míos que iban al ritmo de su cogida. La manera en que me la metía tan profundo y sacaba toda… y nuevamente con su punta toda mojada de mí, me volvía a penetrar una y otra vez me volvían loca. Quería más de él. Mis pezones estaban tan parados que sentía que explotarían.

-¿Te gusta? Dime si te gusta.

-Me encanta. Toda.

-¿La quieres toda?

-Sí. Fuerte

-Ahh…

Me encantó su iniciativa de tomarme por el cabello para acercarme más a él; para que mis nalgas chocaran cada vez más y más rápido contra él. Estábamos como locos, animales. Sudando delicioso pensando únicamente en lo hermoso que nuestros cuerpos estaban sintiendo. Sabía que sería insaciable, es Virgo.

Era mi turno. Lo recosté sobre mi cama y en seguida me le monte besando lentamente su ingle, su abdomen, hasta que poco a poco fui subiendo para besarle su rica boca y acomodarme para cogérmelo como yo quería. Le encantó la vista, tenía mis tetas sobre él para que hiciera y deshiciera con ellas a su antojo. Las chupó como oso a la miel, y se alejó con unos ligeros jalones a mis pezones que debo confesar, amé (También me gusta algo rudo…). Me acomodó en él y chorreando de excitada, me siento en su verga, lento, hasta el fondo otra vez. Me pongo muy cerca de él para besarlo mientras subo y bajo despacito, acercarme a su oído, susurrarle lo rico que siento, gimiéndole, se que le gusta.

Me gusta estar arriba. Se moverme, me gusta. Y sé que le encantó.

-Así..así..- Repetía.

-¿Así? ¿Te gusta?

-Ay sí, así. Que rico.  No mames… Puta madre!- Exclamó.

Otra vez maldice. Me encanta. Su coraje solo me lleva a moverme más y más rápido. Me sujeta de las nalgas y alcanzamos un compas difícil de explicar y tan delicioso de sentir. Rápido, fuerte y profundo. Me mete los dedos a la boca, los lamo con desesperación imaginando fuera su pene en mi boca. Nos prende demasiado… es momento de cambiar. No queremos terminar. No aún…

No pusimos música, todo fue tan rápido y lento a la vez que lo único que decidimos oír esas horas fue únicamente nuestros aullidos de extremo placer.

Me voltea nuevamente, me besa, me recuesta y me toma por las piernas para llevarlas a sus hombros frente a mí. Respiro profundamente, pues se lo que viene. Acomoda su verga cerca de mi coño y acaricia mi clítoris con la punta de su verga hasta hacerme rogarle, suplicarle…

-Cógeme ya.

-Te encanta.

-Me gusta que me hables cuando me coges.

-A mi igual.

Me la mete con todas sus fuerzas, se escucha un súper gemido mío seguido por varias contracciones. La siento toda! Pensaba.

-Joder. No mames, la siento toda. – Exclamé.

-¿Quieres más?

-Sí. Ya! Toda hasta dentro.

-Ahh. Se siente rico, estás apretadita. Así me gustan. – Me dijo.

“Eres un pervertido, de esos, de los chidos”; solo pensaba mientras me cogía a su antojo, aguantando las ganas de venirse desde hace rato. No sé cuánto tiempo había transcurrido, solo sé que su alarma empezó a sonar. Debía irse. Pero cuales hipnotizados por el placer, hicimos caso omiso y continuamos nuestro derrame de placer mutuo que sentíamos en ese momento. No existía más, solo nosotros y nuestras ganas de satisfacernos salvajemente.

Bajó mis piernas de sus hombros y las abrió frente a él. Exponiendo mi coño corto y rasurado. Metió dos de mis dedos a mi boca y los dirigió a mi clítoris.

-Tócate. – Exclamó Sick boy.

No me lo pidió dos veces. Como él bien sabe, soy adicta al sexo, al placer, a tocarme, a explorarme. Y en esos momentos él quería verme masturbándome. Para él, solo para él.

Me acomodé frente a él para darle el mejor show posible. Volví a lamer mis dedos para estar más mojada y comencé a tocar mi clítoris en círculos lentos, metiendo mis dedos ligeramente en mi coño y volviendo a mi clítoris nuevamente.

-¿Cuántos dedos te caben?- Pregunto.

-3. –Respondí con gemidos.

-A ver. Enséñame. –Me pidió.

Me encanta que me ordene. Ni quiera sabía si me cabían 3 dedos. Nunca lo había intentado honestamente. Pero quería impresionarlo, hacerle sentir rico con todo lo que yo hiciera. Así que exploré dentro de mí con tres dedos en mi vagina. Fue delicioso. No quería parar. Sabía que ambos disfrutábamos. Él, por supuesto, se masturbaba mientras me veía. Eso es algo que me gusta ver, cómo los hombres se masturban por mí.

Continué con constantes movimientos en toda mi vulva y especialmente en mi clítoris. Decidí tomar su otra mano libre y meterme sus dedos al compás de mis movimientos circulares en mi clítoris. Estaba por llegar… por ver estrellas… no dejaba de lubricar sus dedos…

-Me voy a venir!- Grité.

-Vente. Qué rico! Me gusta ver tus caras de que como te encanta.

No pude más. Exploté. Me vine en sus dedos, enfrente de él. Exponiéndome toda. Vulnerable ante la magia placentera que mi cuerpo acababa de sentir.

Él no paraba de jalársela. Estaba muy excitado, con su verga toda grande y muy parada en su mano. Así que decidí recostarlo y mamársela hasta que no pudiera más. Movimientos rápidos con succiones ligeras en su punta y movimientos circulares en toda su verga. Me la meto toda, hasta topar con mi garganta. Hasta que no puedo respirar. Le encanta, ya me di cuenta.

Tiene rendimiento Sick Boy. Pero sé que es rendimiento guiado por placer mío. Lo excito y lo prendo de una manera muy animal. Me gusta mucho.

-Ahh. La chupas bien rico. – Susurró.

-¿Si? ¿Te gusta? – Le dije; mientras lo veía a los ojos con mi cara más juguetona y perversa a la vez.

No acostumbro ver seguido a los ojos a los hombres con los que me gusta coger. Pero él es diferente, me lo pidió. Le gusta ver  y que lo vea. Así que decidí con él, hacer una excepción. Me gusto verlo, sentir el calor briago de la realidad de lo que estaba pasando.

Así que continué chupándosela y jalándosela. Hasta que empezó a respirar muy rápido y contraerse de una manera muy rica.

-Me voy a venir, ¡ahora sí¡ – Exclamó.

-Sí, vente. Quiero verte.

Seguido por mis palabras se dejó llevar por esa corriente de placer que desde hace horas lo tenía en una cuerda floja entre caer en clímax muy rápido o disfrutar el recorrido hasta el final. Eso hizo. Se vino un chingo y saltó todo por todos lados. Amé esa imagen. Fue como el clímax perfecto para mí.

Caímos rendidos en la cama. Sudados, exhaustos, complacidos, extasiados, felices.

Nos abrazamos. Es un chico dulce, lo puedo ver debajo de toda esa manta de tatuajes que lo cubre. La cual debo confesar, me atrae como abeja a la flor.

La alarma no paraba de sonar.

-Me tengo que ir.

Quiero besarlo hasta cansarme; pensé. Pero estaba cansada. Lo acompaño a la puerta. Espero verlo pronto… Sick boy ha despertado a mi Sick Girl y no la quiero dejar ir tan fácil.

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