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Hola, mi nombre es María y tengo 29 años. Quiero contaros algo que me pasó este fin de semana.

Hace un par de semanas que mi novia y yo cortamos. Ella llevaba un tiempo rara conmigo y yo pensaba que estaba liándose con otra, así que continuamente estábamos discutiendo y peleándonos. Así que decidió irse de casa, lo cual me confirmó mis temores.

La cuestión es que no sé nada de ella desde que se fue, y tenía muchas ganas de vengarme. Bueno, de vengarme y de follar, porque soy muy activa y necesito follar con frecuencia. No me basta sólo masturbarme con juguetes. Necesito más. Por eso mismo, decidí quedar con Carlos y Antonio, una pareja de gays con la que solíamos salir Teresa y yo hasta que la muy zorra me abandonó.

A veces, el duro trabajo de albañil puede ser tan gratificante como el que más. Hace ya unos meses, trabajábamos duro en la reforma de una casa rural mi compañero Pepe y yo, junto con un pobre peón llamado Yuri, el cual era realmente el único que trabajaba. De este trío, sólo yo era español, pues Pepe no era tal. Se trata de un camerunés de nombre y apellido impronunciables, al cual rebautizamos con el nombre de Pepe en la pequeña empresa para la que trabajábamos. Era un buen tipo, se escaqueaba de sus obligaciones como el que más, pero no trabajaba mal; Yuri era el más joven de los tres y sobre quien recaía las culpas de nuestros desmanes, pues él no entendía muy bien el español y poco o nada podía hacer para defenderse de nuestras acusaciones. Tampoco hablábamos mucho con él, precisamente porque su nivel de español era nulo, así que nos las teníamos que arreglar mediante gestos.

La gente cree que trabajar de gogo es fácil, pero no saben nada de lo que tiene que hacer una para que le vaya bien en este mundillo. Por ejemplo, no saben la dura dieta a la que debemos someternos para guardar la línea, o no saben el asco que da verle la cara a algunos paletos babeando como caracoles, o no se imaginan el montón de horas en el gimnasio para mantener tonificados los músculos. Otra cosa que tampoco saben es lo que una tiene que aguantar de sus compañeras gogos, o incluso de los porteros con los que tenemos que trabajar.

Hola, mi nombre es Marta XXX, y quiero contaros una anécdota curiosa. Curiosa y muy picante, que me ocurrió hace poco.

¿Sabéis? Hay malos entendidos que no tienen nada de malo. Hay veces en que una se las cobra todas juntas sin saber ni cómo, pero sale bien la jugada. Tal fue lo que me pasó hace cuestión de días.

Sucedió que Germán, uno de los mejores amigos de mi marido, me dijo que mi marido estaba planeando ponerme una trampa para poner a prueba mi fidelidad debido a mi supuesto comportamiento desinhibido para con los hombres. Germán como buen amigo que es de mi marido, me quiso avisar para que no cometiese la torpeza de caer en la estratagema, pues él sabía que yo no le ponía los cuernos a mi marido y no quería que nos divorciásemos. Sin embargo, tal muestra de desconfianza me llenó de indignación e ira.

Por ello, tras jurarle a Germán que no le diría nada a mi esposo, me prometí a mí misma que le regalaría la mejor follada de mi vida al gigoló que hubiese contratado mi marido para la ocasión, dejándome incluso maltratar el culo, cosa que siempre evité por miedo.