Si nos envías un relato con buena redacción, ¡lo publicaremos antes!

Hola, mi nombre es Martina, y os quiero contar mi primera experiencia con un…mulato. Todo ocurrió cuando conocí a Tomás en una discoteca de música caribeña, bachata, salsa, reguetón y demás música latina.

Esa noche yo llevaba puesto un conjunto de top y minifalda con volantes y sandalias de tacón altísimas, con ellas alcanzo el metro ochenta así que Tomás me quedaba poco más arriba del hombro. Mientras hablábamos puso su mano por encima de mi rodilla me pregunto si me importaba, yo le respondí que no, que por poner ahí la mano no pasaba nada, comenzó a subir su mano muy lentamente por la cara interna de mis muslos yo le dije “si sigues así sí que va a pasar algo” él sonrió y siguió un poquito más. Me hacía cosquillas, siguió subiendo, tenía su mano ya bajo mi falda cuando levantó un dedo y lo pasó suavemente siguiendo el recorrido de mi rajita sobre mi tanga y quitó su mano.

Hola, mi nombre es Lucía, y soy una chica Venezolana que lleva en España viviendo ya más de ocho años. Soy morena, con pelo negro y piel oscura, pero no soy mestiza. Lo que más me gusta de mí es mi culo, aunque gracias a dios no ando mal de delantera, ^^

Os quiero confesar que me gusta que me miren, pero sobre todo me gusta ver cómo los hombres se muestran confusos cuando logran adivinar que no uso braguitas, ni culots ni tangas…me gusta ir ligerita de ahí abajo, menos cuando tengo la regla.

Mi nombre es Eva, y quiero que sepáis que cohibir a los hijos no suele ser la mejor opción a la hora de criarlos. Para ello os quiero contar el caso de mi vecina, con la cual tengo relaciones sexuales a pesar de que sus padres son unos beatos de mucho cuidado.

Andrea, que así se llama mi vecina, acaba de cumplir 18 años y aún no ha terminado bachillerato en su colegio de monjas, pues es repetidora y yo creo que en parte es por el ambiente de represión que vive en su familia. Pero bueno, para eso estoy yo y mis caricias…

Hola, esta es la primera vez que escribo algo, pero la verdad es que me he animado a contároslo porque he visto que estáis empezando a publicar relatos y como lo leerá poca gente pues no me da tanta vergüenza que lean.

Bueno, os diré que mi nombre es Pedro. Tengo 35 años y mi mujer se llama Lucía, de 30 años. Os quiero contar la primera vez que hicimos un intercambio de parejas mi mujer y yo, pues lo recuerdo como si hubiera ocurrido hace un rato.

Todo ocurrió hará un año más o menos, cuando Lucía se compró por sorpresa un consolador bastante grande. Yo me lo tomé bastante mal, la verdad, pero luego comprendí que era para utilizarlo mientras follábamos, pues le había picado la curiosidad por ver qué se sentía siendo penetrada por dos pollas. Pasaron los días y cada vez hacíamos más uso del juguete erótico de Lucía, hasta que una vez se le escapó en mitad de la follada que “ojalá fuera de verdad”, en alusión a la polla de plástico.

¿Alguna vez os han puesto los cuernos? Yo creía que a mí no, pero eso cambió hace tiempo, justo cuando mi mujer me contó que se había follado a otro mientras éramos novios. La muy puta me lo dijo como si por no estar casados en aquella época fuese justificable que me pusiera los cuernos.

Según dice ella, sólo fue un par de veces. La verdad es que la entiendo, porque a los dos nos gusta mucho follar y en aquella época nos veíamos poco por temas laborales. Nos gusta tanto el sexo que, después de saber que me ha sido infiel, estoy por proponerle follar con más gente. Sexo en grupo, ya sabéis, pero bueno, todavía no lo tengo seguro –si pudierais echarme una mano os estaría muy agradecido-.