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Cachonda, me tiré a mi hermano José

Mi hermano José y yo somos casi de la misma edad, con apenas 2 años de diferencia. Por lo que al tener casi la misma edad nos llevamos muy bien.

La primera vez que vi a mi hermano follando

Un día entré a su habitación para pedirle que me hiciera un favor con unas cosas del instituto, y mi sorpresa fue al pillarlo teniendo sexo con su novia. Ni siquiera sabía que estaba ella en casa.

Mi hermano estaba tumbado boca arriba, y su novia abierta de piernas moviendo la cadera suavemente sobre él. Estaban tan metidos en el sexo que tardaron unos segundos en darse cuenta de que yo había abierto la puerta y estaba mirándolos con auténtico descaro. Tiempo suficiente para ver el increíble cuerpo que tiene Marta, su novia, y para ver por qué Marta estaba con mi hermano José. Un gran miembro, largo y duro que pude ver cuando, del susto, Marta asustada saltó a un lado para cubrir su cuerpo desnudo. Dejando el pene de mi hermano duro y lubricado al descubierto.

Sorprendido mi hermano y sin saber bien qué decir, mientras se tapaba con lo primero que encontraba a mano, me gritó un fuerte “¡Laura, cierra la puerta joder!”. Tras lo que decidí dejarlos a solas.

Me marché de aquella escena pero sin poder quitarme de la cabeza la imagen de mi hermano, con su polla empalmada y pringosa por aquel flujo vaginal. Excitada por la imagen, me dirigí a mi habitación buscando una forma de apagar esa excitación que recorría mi cuerpo.

¿Incesto imposible?

Nada más entrar a mi cuarto, podía notar cómo de húmedas tenía las bragas. He de reconocer que no sería la primera vez que me masturbaba pensando en mi hermano. Sin embargo,aunque siempre había imaginado cómo sería su miembro, ahora ya sabía cómo era realmente y he de decir que era mejor de lo que imaginaba, más grande y grueso. Una polla de la que como hermana me sentía realmente orgullosa...e intrigada por saber cómo se sentiría tener una cosa de esas dentro de mi propia vagina.

Me tumbé en mi cama, cerré los ojos y empecé a tocar mi cuerpo semi desnudo. Con mi vulva bien lubricada por la excitación, empecé a imaginar que era yo la que estaba sentada sobre mi hermano. Imaginaba que él estaba dormido y que yo me aprovechaba de él sin que se enterase de nada. Mi coño muy lubricado envolvía su pene como si se tratase de un pulpo que no quiere soltar a su presa. Mientras, le besaba y restregaba mis senos sobre su pecho.

Naturalmente, era una fantasía que no podría llevar a cabo nunca ya que, primero, sería incesto puesto que se trata de mi hermano y, segundo, seguramente se despertaría. Pero eso no me impidió tener esta misma fantasía una y otra vez durante varios días obteniendo como resultado increíbles orgasmos que no hacían más que incrementar mis ganas de follarme a mi propio hermano.

Pasados un par de meses, evitando hablar sobre el tema, Luis y yo estábamos solos en casa , ya que nuestros padres salieron de viaje un fin de semana, cuando tras darme un baño me di cuenta de que se me había olvidado llevar la ropa al baño.

Quizás fue mi subconsciente el que me hizo olvidarlo, pero me dejé la ropa en mi habitación. En el fondo me daba vergüenza salir del baño desnuda y encontrarme a mi hermano. Aun así, y ya que mi habitación no estaba lejos del baño, decidí salir corriendo hacia la intimidad de mi habitación, esperando que mi hermano no me viese desnuda.

Un accidente con final inesperado

Lo siguiente me da mucha vergüenza contarlo, pero al salir corriendo, con las zapatillas de andar por casa algo húmeda después del baño, resbalé y caí contra la puerta de la habitación de nuestros padres, haciéndome bastante daño. Al escuchar el fuerte golpe al caerme al suelo, mi hermano, asustado, subió corriendo las escaleras para ver qué había pasado, encontrándome desnuda y tirada en el suelo del pasillo. En ese momento no supimos cómo reaccionar ninguno de los dos, pero él como hermano mayor me ayudó a levantarme. Al levantarme con un fuerte dolor en el tobillo, me ayudó a llegar a mi habitación mientras yo cojeaba un poco del dolor. Al ayudarme a sentarme en mi cama, pude ver como tenía una fuerte erección, lo que me trajo de nuevo a la cabeza aquella imagen de su pene erecto y lubricado. Algo que me dejó como hipnotizada, ya que no podía apartar la vista. De repente me olvidé del dolor. Él se dió cuenta y me dijo el muy sinvergüenza “¿Te gusta lo que ves?, no es la primera vez que te veo mirarme así”. A lo que le contesté “Es algo que me llama la atención, ¿es normal no?” Él dió un paso hacia mí, quedando su paquete a tan solo unos centímetros de mi cara. De forma automática y sin pensarlo, levanté la mano tocándolo todo. Estaba muy duro, prácticamente podía notar como latía su corazón en esa zona de los pantalones. Mientras él guardaba silencio, agarré la cremallera y la bajé suavemente. Metí la mano y allí estaba, frente a mí, mirándome fijamente, dura como una piedra. No pude resistirme y acerqué la boca, lamiendo la puntita con delicadeza repetidas veces hasta que llegué a metérmela en la boca. Con los ojos cerrados y concentrada en relamer bien ese gran pene, podía escuchar como mi hermano soltaba pequeños gemidos de placer mientras me acariciaba el pelo. Podía notar como mi vagina bien lubricada mojaba el nórdico de mi cama y sin poder aguantar más dejé de chupar el pene a mi hermano, lo miré y le dije que me tocara. Con el calentón del momento no se lo pensó dos veces y mientras me acercaba el pene de nuevo a la boca se agachaba estirando su mano hasta mi chochito ardiente. Nos tiramos así, como 5 minutos mientras el calentón iba a más. Mi hermano de repente me agarró de las manos y suavemente con gestos muy claros me guió a que me pusiese en pie, tras lo que me giró y empujó boca abajo en mi cama. Desnuda sobre mi cama, y sin ver prácticamente nada, poco más que mis peluches de pequeña y algún reflejo de nosotros en un espejo al fondo de la habitación, noté como mi hermano ya sin pantalones se tumbaba sobre mí. Besándome el cuello y tocándome el culo pude notar como me rozaba con su duro y lubricado pene, subiendo por mis muslos hasta que llegó a penetrarme. Me hizo gemir como nunca lo había hecho, superando toda fantasía que pudiese haber tenido con él. Mordía el nórdico de mi cama entre gemido y gemido cuando de repente escuchamos en la planta baja la puerta de la casa abrirse. Los dos dimos un salto rápidamente de la cama. Yo aun en Shock de todo lo que estaba pasando, busqué rápidamente la ropa que había preparado para ponerme después de la ducha. Mientras, él corría hacia su cuarto con los pantalones a medio subir. Eran nuestros padres, habían vuelto a recoger algo que se les había olvidado, y por poco nos pillan en plena faena. Por suerte no se enteraron de nada. Si se llegan a dar cuenta de algo les dá un infarto ya que son muy religiosos y nunca podrían imaginarse algo así. Después de que se volviesen a ir nuestros padres, esta vez definitivamente al viaje, mi hermano con la cara algo cambiada, se me acercó y me dijo: “Esto de aquí, que no salga Laura.” Tras lo que se marchó a la calle con sus amigos. Yo me quedé pensando en lo ocurrido, planeando cómo podría volver a forzar una situación así. Quien sabe, quizás me atreva a contar en otro relato como fue mi plan para acabar el trabajo que quedó a  medias...

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