¡Qué Calor!

    Siento como el calor espesa el aire, ya no circula ni un poco de brisa en la habitación, incluso con la ventana abierta de par en par. La noche es silenciosa, casi tensa, solo se percibe el sonido nuestra respiración. Paso la mano por mi cabello para retirar un poco de sudor,  siento como una gota pequeña se escapa y comienza a deslizarse  por mi rostro, cae a mis hombros hasta llegar a la clavícula, desde ahí lentamente se escurre por mi pecho. Veo que tu mirada la persigue atentamente bajo la tenue luz de las velas, hasta que llega al límite de mi pequeño y suave pezón café, que comienza a erizarse nuevamente bajo el efecto de tu intensa mirada. Tal vez la memoria de mi cuerpo sabe lo que sigue y se anticipa a tu llegada. En efecto te mueves rápido como un gato y te lanzas...
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