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¡Qué Calor!

 

 

Siento como el calor espesa el aire, ya no circula ni un poco de brisa en la habitación, incluso con la ventana abierta de par en par. La noche es silenciosa, casi tensa, solo se percibe el sonido nuestra respiración.

Paso la mano por mi cabello para retirar un poco de sudor,  siento como una gota pequeña se escapa y comienza a deslizarse  por mi rostro, cae a mis hombros hasta llegar a la clavícula, desde ahí lentamente se escurre por mi pecho. Veo que tu mirada la persigue atentamente bajo la tenue luz de las velas, hasta que llega al límite de mi pequeño y suave pezón café, que comienza a erizarse nuevamente bajo el efecto de tu intensa mirada. Tal vez la memoria de mi cuerpo sabe lo que sigue y se anticipa a tu llegada.

En efecto te mueves rápido como un gato y te lanzas sobre la presa, lamiendo y mordisqueando, mientras veo  tu cuerpo, que  hasta hace un rato se encontraba inerte comienza a despertar otra vez. Tu sudoroso cuerpo se pega al mío y al moverte siento como todo fluye, cada movimiento hace encajar cada pieza en su lugar.

Nuestra  respiración  acompasada se acelera, mi cuerpo dispuesto se abre a tus caricias y Tú como si nada entras hasta el final, entonces  un pequeño dolor se transforma en placer y quiero más, más rápido, más fuerte… una y otra vez. La piel cada vez arde mas, el sudor recorre cada centímetro de nuestros cuerpos, en cualquier momento entraremos en ebullición y desapareceremos en una nube de vapor. Ya no puedo más, me dejo ir con un gemido intenso y me desvanezco rompiendo  la paz de la noche.

 

El Deseo

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