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Amantes del Pasado

Hoy como todos los días me levanto, me ducho, tomo desayuno, me visto y cepillo mis dientes, después algo resignada salgo a mí labor diaria. La expectativa no me anima demasiado, tengo una mañana ocupada entre bancos y tramites varios, así que me dirijo muy temprano a la zona Empresarial, donde encontrare reunidas en pocas calles todas las instituciones necesarias.

Gracias a que todas las estrellas se alinean en mi beneficio termino todo en tiempo récord y a eso de las 11 Am ya estoy desocupada, como no tengo nada importante en la oficina por la tarde decido llamar y decir que me demorare y que no creo  llegar pronto, así que me dirijo mi cafetería favorita. Al llegar hago fila en la caja mientras decido que pedir, llegado mi turno opto por un Té y un muffin de frambuesa, me quedo en la barra y espero para recoger mi pedido. Estoy distraída en mi mundo cuando escucho una voz familiar decir mi nombre, me giro y entonces te veo, alto, atlético, tus ojos oscuros e intensos me traspasan como si supieras que pienso, te acercas a mí con una sonrisa gigante y algo felina. De la impresión casi dejo caer mi vaso, una sensación extraña recorre todo mi cuerpo, me siento paralizada y helada, casi como una niña que es descubierta haciendo alguna pequeña maldad… y aunque fueron unos segundos,  en mi mente siento como si los 10 años que habían pasado desde el último día que nos vimos pasaran ante mis ojos de una sola vez, recordé nuestra ilícita relación y como todo se terminó.

Me abrazas con confianza, como si fuésemos los mejores amigos. Automáticamente, mi cuerpo despierta al tacto del tuyo, a pesar de que los años han pasado y que tú ya eres un hombre más  maduro, a tus 43 años conservas un cuerpo firme y esculpido, exacto como  a mi tanto me gustaba… no puedo evitar notar que tu Piel se eriza, tus brazos se tensan y tu cuerpo emite calor al contacto con el mío. El abrazo dura más de lo que debería, al final me sueltas y comenzamos una pequeña charla social sin sentido. Mientras tomamos nuestros pedidos, se nos va acabando el tema y ya no nos queda más que despedirnos. Vamos a la salida y sostienes la puerta para dejarme pasar delante de ti (sé bien que solo quieres observar mi Derriére), una vez fuera decimos adiós y en un movimiento rápido y casual me miras fijamente la boca besándome con la seguridad de quién sabe que no lo rechazarán… es un beso goloso y desesperado. Ese beso sella el destino de nuestro encuentro.

No sé bien como, pero terminamos en tu auto como dos adolescentes calenturientos, comienzas a besar mi cuello y escote, tus manos se mueven y abarcan todo lo que pueden, llegas a la frontera de mi pantalón, aunque quisiera resistirme dejo que sigas sin ni un tipo de control, tus manos aventureras se sienten dueñas de mis mas deliciosas sensaciones. Después de unos minutos paramos y nos miramos sin aliento, salimos del estacionamiento  sin rumbo fijo, tenemos que buscar un lugar más privado. Acordamos ir a un motel en el lado sur de la ciudad, lugar por el cual ni uno de los dos circula normalmente, ni nadie de nuestro entorno.   

Llegamos a un lugar discreto, entras por una pequeña calle con cabañas individuales por ambos lados, cada una con un estacionamiento con portón al lado, todo para guardar el debido secreto de los parroquianos del lugar. Nos estacionamos y el portón tras nosotros se cierra automáticamente, el momento esperado llega, bajamos del auto y prácticamente estamos dentro, el sitio es lujoso, aunque si fuera más modesto no importaría. Comienzas a desabrochar mi blusa y mientras me besas repites lo que has añorado este momento los últimos 10  años,  yo guiada por el deseo del momento desabrocho tu pantalón acariciando tu creciente miembro.

La ropa cae rápidamente al suelo, mientras nuestras manos y lenguas recorren ávidamente esos caminos y surcos que hace tanto habían aprendido de memoria, Ya desnudos me levantas apoyando mi espalda en la pared y en un movimiento te entierras en mi sin piedad, esa envestida es casi dolorosa, te mueves furiosamente, casi enceguecido, como si de alguna forma estuvieras borrando la distancia que hubo entre nosotros. Yo solo puedo gemir como una gata, mientras gozo cada una de tus envestidas que siento cada vez más profundas. Con mis piernas amarradas a tu cintura y mis brazos anclándose a tu cuello mi boca muerde, besa y lame tus hombros, intentando no dejar marcas.

Con las ansías del momento los dos acabamos rápido, solo con un profundo suspiro, al recobrar un poco el aliento y después de esta proeza, abro los ojos y me topo con los tuyos profundos y encendidos. Así mismo me llevas en andas hasta esa gran cama, que tanto había visto pecar… te dejas caer de espaldas sin perder ni un momento el contacto. Ni uno de los dos quiere parar… sin mediar palabras seguimos besándonos por un largo rato, recorriendo caminos ya conocidos, pellizcando suavemente un pezón, mordisqueando una oreja, lamiendo algún monte. Estamos embriagados de deseo y placer, nada más importa.

Pronto estamos listos para la segunda ronda, me monto en ti como antes y siento cada centímetro de tu carne dentro, invadiendo por completo mi interior, como un guante y su mano, un ajuste perfecto. Con cada movimiento se crea un vacío, mi interior te succiona y mis músculos se contraen  con cada caricia, cada uno de tus besos resuena en mi interior. Sin mediar mucho esfuerzo acabo nuevamente mientras sigo moviéndome con ganas de mas y tu hipnotizado con el vaivén de mis pechos emites ese sonido gutural, ese que yo ya conozco bien, el que solo sale de ti en el máximo momento de placer, tus ojos se cierran, aprietas la mandíbula y con el último esfuerzo te derramas por completo, hasta la última gota de placer.

Caigo agotada sobre tu pecho sudado y me parece el lugar más acogedor del mundo, absorbo tu aroma mezclado con el mío, mientras tu acaricias mi espalda de arriba abajo… el mundo de afuera no importa, ni mi marido y mucho menos tu mujer.

El Deseo

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Comentarios (4)

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Un relato excitante.

Invitado
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Gracias .

Invitado
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Me encantan los relatos de adolescentes, jugando a descubrirse el uno al otro.
Me trae buenos recuerdos.

¡Buen relato!

Invitado
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No son Adolescentes, pero que bueno que te gustó.

Invitado
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